
Muy pocos pensábamos hace un año y medio que Alberto Contador se vería rodeado a sus veintisiete años de tales compañeros y vestido con los mismos colores. El madrileño ha salvado a Kazajistán en un extraño proceso de desintegración del equipo, detenido y enmendado.
Poco nos importa ya el tema de las ruedas pagadas o no de su bolsillo, que hubo, primero rencilla y desconsuelo lo supimos, igual que sabemos que ahora hay rencor. Eso añade un factor interesante a la lucha que no siempre debería ser noticia, pero que hay que valorar en su justa medidad, ya que comparado al perfecto y brillante Radio Shack de Lance Armstrong y Johan Bruyneel, Astana es un equipo parcheado. ¿Aguantarán esos parches?
Quizá fuera por culpa, no de sus necesidades ciclistas, sino de los aires de grandeza que le llevaban a rodearse de escuderos invencibles, lo que llevó a muchos a desarrollar ciertos odios hacia Armstrong. No nos engañemos, si Contador pudiera, haría lo propio, pero también es cierto que gusta mucho más, en ficción y deporte, ver al más débil superar al perfecto (que ya no lo es, pero conserva los aires)
Así, Astana se ha presentado el sábado con visos (solo visos) de transparencia, a tenor de las cláusulas del contrato de Contador, y las declaraciones de intenciones de sus compañeros.
De la Fuente, Pereiro, Grivko, Jufré y Tiralongo han sido las principales incorporaciones que ayudarán a Contador, mientras que en un flancos más débil Gasparotto, Stangelj y los hermanos Davis tratarán de hacer más equipo a Astana, en sus respectivas facetas.
No sé por qué, pero me apetece que 2010 pase rápido.



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