Pese a que muchos piensen (pensemos) que en el fútbol está todo inventado, la liga italiana continúa negándolo. Hasta ahora habíamos visto mil y una formas diferentes para intentar despistar a un jugador o a un jugador.
La historia habla de alfileres, de botes de agua adulterada o de delicadas caricias en ciertas partes. Mil y una estratagemas con un único objetivo: desviar la atención del rival y hacer más fácil el tortuoso camino hacia el gol.
En Italia, decíamos, lo último es bajarse los pantalones. Sí, sí, los pantalones. ¿Exhibicionismo? ¿Ilegalidad? ¿Ofensa? El debate no ha hecho sino empezar en el país transalpino gracias (o por culpa, según se mire) de Plasmati, un modesto jugador del Catania.
Sucedió en una falta directa que su compañero Mascara se disponía a botar a once metros de la frontal. Con el Torino sobre la línea del área para romper el fuera de juego, de pronto cuatro jugadores del Catania corren al punto de penalti ante la mirada de los atónitos defensores que ven cómo Plasmati regresa a su posición inicial con los pantalones por las rodillas.
Mascara lanzó y marcó. ¿Jugada ensayada? Seguro que ésta sólo sale una vez. Walter Zenga, que lo sabe, ha recibido críticas feroces. Plasmati, el ‘exhibicionista’, como ya le llaman, dice que su intención era crear espacios. Elaborar cualquier teoría con Plasmati y sus gayumbos y su eficacia en la creación de espacios sería, probablemente, demasiado escatológico.



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