A menos de diez días del comienzo de la Copa de África, el público europeo tiene claras una serie de referencias: Eto´o, Essien, Kanouté, Drogba o Mikel. Ellos son las vedettes de la competición, con un prestigio ya consolidado en las grandes ligas. Referentes de sus selecciones hasta el punto de condicionar la preparación para contar con su concurso (como está ocurriendo con Eto´o o Drogba).
Tras los primeros espadas, se oculta una amplia segunda línea de excelentes jugadores, que pueden encontrar en esta competición el trampolín adecuado para el despegue hacia su consagración definitiva como estrellas.
En esta tesitura se encuentra una de las perlas del campeonato francés: Mamadou Niang. Este delantero senegalés de 29 años, que está siendo el autentico estandarte de un Olympique de Marsella que está decepcionando un año más, se está comiendo a bocados el presunto liderazgo de Nasri o Cissé. Con Senegal ha marcado 13 goles en 26 encuentros, y se presenta como un referente por delante de jugadores más mediáticos como Diouf. La prensa de su país lo ha bautizado como el B-52, por su potente disparo y facilidad goleadoras. La misión de Niang será parecida a la del bombardero estadounidense, pero su peligro se centrará afortunadamente en los porteros rivales.
Niang no es ningún chaval, sabe que se encuentra ante una de sus últimas oportunidades de llamar la atención de los grandes de Europa, y de este modo, abandonar un campeonato menor y un equipo estancado. La senda abierta por Drogba resplandece ante él. Su evolución podría haber sido diferente, si con 17 años no hubiese decidido poner fin a su carrera profesional después de dos años en el centro de formación del Le Havre, y volver a Senegal. Aconsejado por un antiguo entrenador del Le Havre, Alain Perrin, que lo rescataría para el Troyes y lo haría debutar en el primer equipo. A partir de ahí, empezaría el periplo del senegalés errante.
Del Troyes al Metz, donde le daría tiempo a coincidir con un jovencísimo Adebayor, y relanzar al equipo en liga. Durante este periodo obtendría su primera convocatoria con Senegal. Tras esta temporada, pasaría al Estrasburgo, donde se alinearía en la punta de ataque con el serbio Ljuboja, convirtiéndose en la sensación del campeonato. Con la marcha de su socio de delantera al PSG, el rendimiento de Niang caería en picado durante la segunda parte del campeonato. La llegada del francés Pagis, volvería a relanzarlo, y durante dos años se convertiría en el ídolo de La Meianau. Su peso dentro del campeonato aumentó hasta que en 2005, el Olympique le fichó por la respetable cantidad de siete millones de euros.
En el Velodrome, tan sólo la época de vacas flacas que vive el equipo con menos recursos que el gran Marsella de principio de los noventa, y la pérdida injusta de minutos ante jugadores más mediáticos como Cissé, le han impedido una mayor repercusión europea. Pero Niang vuelve a ganarse el puesto domingo a domingo, y demuestra que es la única tabla a la que este mediocre Marsella puede agarrarse. El año pasado llevó al equipo a la segunda posición y fue elegido mejor jugador senegalés del año.
A partir de la próxima semana no hay que perder detalle de Senegal y de su bombardero Niang, el B-52 que amenaza con dejar reducidas a escombros todas las defensas de la competición.


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