Carlos Kameni recaló hace cuatro años en nuestro fútbol. Avalado por su paso en dos clubes modestos franceses, Le Havre y Saint-Étienne y con el beneplácito de Thomas N’Kono, compatriota y uno de los mejores guardametas en la historia del Espanyol y el futbolista extranjero que en más ocasiones ha vestido la elástica blanquiazul. Y no tardó Kameni, un archidesconocido por aquella época, en empezar a hacerse un nombre en nuestra Liga. Lo hizo a base de grandes paradas, de su espectacular agilidad, siendo una pieza fundamental en el puzzle periquito que la temporada siguiente ganaría la Copa del Rey de la mano de Miguel Ángel Lotina.
Tras sus dos sobresalientes primeras temporadas, en especial la de su debut, los rumores sobre su traspaso fueron in crescendo. El Espanyol tenía en sus filas uno de los porteros con mayor futuro y sus paradas podían poner freno, también, a los naturales problemas económicos que un club de Primera División puede sufrir en sus arcas. Sin embargo, ninguna de las ofertas (se llegó a hablar del interés de clubes como el Manchester United) satisfizo las expectativas de la directiva espanyolista. Kameni siempre ha estado en el filo de la navaja, no ha habido verano desde que aterrizara en la Ciudad Condal que no coqueteara con su futuro lejos de Barcelona. Sin embargo, y tras tantos momentos estivales, sigue defendiendo los colores del que hasta ahora ha sido el único conjunto con el que ha logrado algún título a nivel de clubes.
La temporada pasada Kameni sufrió el mismo síndrome que su equipo. Empezó con muy buen pie, alcanzando incluso el liderato y permaneciendo en el ecuador del campeonato en los puestos europeos. Sin embargo, el bajón que se produjo en la segunda parte de la campaña, recién estrenado el 2008, se trajo consigo algunas víctimas, entre ellas, el camerunés, cuyo nivel, así como la mayoría del resto de sus compañeros, descendió hasta el punto que todavía no se ha recuperado. El pasado verano se presentaba como la oportunidad de sacar tajada por el portero aunque de nuevo no llegó ninguna propuesta excitante. Y eso que el Espanyol ya se había cubierto las espaldas con el fichaje de su homónimo argentino Cristian Álvarez, actual suplente de Carlos.
Con Tintín Márquez y con los cantos de sirena sobre su marcha de fondo, Kameni siguió siendo indiscutible en las alineaciones. Pero Kameni está lejos de su mejor nivel, del nivel que le encumbró hace ya algunos años. Ejemplos esta temporada hay unos cuantos. Le han metido goles imposibles, ha salido en más de una ocasión a por uvas cuando aparentemente no era necesario. Está nervioso, inquieto. Y su defensa tampoco le ayuda. No es un seguro de vida como antaño. Se vio ante el Numancia y ocurrió ante el Racing. Derrotas de las cuales sus no-paradas no han sido las principales culpables pero que en parte han allanado el camino de la destitución de su fiel entrenador. Este domingo Mané se sienta en el banquillo perico después de una semana en la que ha hablado con todos y cada uno de los integrantes de la plantilla. Habrá charlado con Kameni: le habrá animado. Le va a hacer falta para dar la vuelta a la negativa tendencia en la que se ha sumido y que le ha convertido en un peligro, en lugar de lo que era, bajo los palos del arco de Montjuïc. Por suerte, sólo queda un mes para terminar su peor año.


Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect