Falcão, el Octavo Rey de Roma

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Falcao Brasil

Es un nombre que está actualmente en boga gracias a los goles que Radamel Falcao anota para la camiseta del Atlético de Madrid, pero hoy no hablaremos del delantero colombiano sino de aquel a quien debe su nombre. Y es que el mismo año en el que se retiraría Paulo Roberto Falcão, 1986, nacía en Santa Marta, mismo lugar en el que abrió los ojos al mundo por vez primera un mito del fútbol colombiano como Valderrama, Radamel García. Puede que este nombre no os diga nada, pero el padre de la criatura admiraba el fútbol de aquel jugador brasileño que deslumbrara al mundo con la selección brasileña y con la Roma y decidió, en su homenaje, darle a Radamel un segundo nombre: Falcao. Pero aquel, Paulo Roberto, no tenía como misión perforar las metas rivales, sino que se trataba de un centrocampista con una fantástica visión de juego, un brillante trato al balón y un potente disparo. Sin necesidad de ir más lejos, uno de los mejores centrocampistas que ha dado el fútbol mundial.

El alemán (como llamaban a todos los brasileños de piel y cabellos claros) está plenamente aprobado, dijeron de él entre 300 niños cuando contaba once años y hacía las pruebas para entrar en la escuela del Internacional de Porto Alegre. Con este club debutaría en 1973 permaneciendo hasta 1980, siendo el líder de un club que ganó tres campeonatos brasileños y cinco títulos del estado de Rio Grande do Sul. Falcão era ya considerado entonces el mejor volante brasileño de todos los tiempos, y eso, en un país que había levantado ya tres campeonatos del mundo, no era poca cosa. Tras enfrentarse al Palmeiras en 1979, Telé Santana, técnico de estos, manifestó lo siguiente al término del encuentro: “Hoy he visto una actuación perfecta de un jugador. Falcão ha ganado el partido”.

Un año antes se había perdido el mundial de 1978 debido a discrepancias con el seleccionador Claudio Coutinho. En 1980 daría el salto al fútbol italiano al fichar por la Roma convirtiéndose en uno de los futbolistas mejor pagados del momento, y no tardaría en ganarse un hueco en el corazón de los giallorossi. Bajo el mando del mítico ex jugador sueco del Milan Nils Liedholm, Falcão se convertiría en el referente de un equipo que ganó ese año la Copa de Italia, ganándose Paulo Roberto el título de Octavo Rey de Roma. Pero sus éxitos no habían hecho más que comenzar, y al año siguiente disputaría el Mundial de España en 1982 con una selección brasileña ya dirigida por Telé Santana, que como no podía ser de otra manera, entregó el mando del centro del campo a Falcão.

Brasil se convertiría en aquel mundial en uno de los equipos de referencia en la historia del fútbol mundial sin siquiera llegar a semifinales, tal era el fútbol que era capaz de desplegar aquel combinado. Brasil era la favorita al triunfo final con futbolistas de la talla de Sócrates, Eder, Zico, Toninho Cerezo o el propio Falcão, pero en su camino de cruzaría la Italia de Paolo Rossi. Con un gran tanto, Falcão empató a dos el encuentro tras batir a Zoff desde fuera del área, resultado que les otorgaba el billete a semifinales pues entonces no existían los cuartos sino una segunda liguilla con tres equipos en cada grupo. Sin embargo, Paolo Rossi completaría la mejor actuación de su vida y, con su tercer gol, daría el pase a la Squadra Azzurra para sorpresa del mundo entero, y terminaría proclamándose campeona del mundo.

Falcao Roma

Aquella selección brasileña, a pesar de no ganar el torneo, había dejado una huella imborrable, pero los triunfos volverían a la carrera de Falcão. Así, un año después la Roma se proclamaría campeona del Calcio 41 años después de su primer y hasta entonces único entorchado liguero con Falcão como estrella y jerarca. En aquella Roma militaba también Bruno Conti, que había sido campeón del mundo con Italia. A ellos se sumaron al año siguiente Graziani, también presente en el Mundial, y Toninho Cerezo, compañero de Falcao en el centro del campo verdeamarelho y que también lo sería en el Olímpico de Roma con el objetivo de ganar la Copa de Europa.

No en vano, aquella temporada, además de ganar Falcão su segunda Coppa, llevaría las riendas de la cuadriga romana hasta la final de la Copa de Europa. Allí se enfrentaría al Liverpool de Ian Rush y Kenny Dalglish, pero tras el empate a uno final, el equipo inglés se llevaría el título en la tanda de penaltis en la que supuso la ocasión que más cerca estuvo la Roma de levantar el máximo trofeo continental. Al año siguiente, tras cinco años en los que se convirtió en un ídolo en la Ciudad Eterna, Falcão abandonó el club tras desavenencias con la cúpula directiva dejando tras su paso 107 partidos en los que marcó 22 tantos, pero en los que, sobre todo, impartió magisterio desde el centro del campo giallorosso.

Regresó a Brasil para enfundarse la camiseta del Sao Paulo y se mantuvo un año más en activo, disputando el Mundial de 1986 en México ya como suplente, cayendo la canarinha otra vez en cuartos ante la Francia de Platini en los penales. Falcão, que disputó 29 partidos con su selección (eran otros tiempos donde no había tantos partidos) daría fin a su carrera habiendo sido príncipe en Brasil y rey en Roma. Comenzaría en 1990 su carrera como entrenador en el banquillo de la selección brasileña, y sería también seleccionador de Japón y técnico del Internacional en dos etapas, club con el que debutara y triunfara. Actualmente dirige al Bahía brasileño, con el recuerdo de haber ofrendando su nombre en el altar de los mejores centrocampistas de la historia del fútbol.

Fotos | FIFA.com

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