
Es esa clase de jugador que avanza impasible, que ralentiza el fútbol a su antojo y lo explota cuando le conviene. Hace todo vistoso y al verlo en acción cuesta creer que un futbolista de tal envergadura pueda tener semejante equilibrio y precisión con el balón en los pies. Nadie conocía a Kanouté cuando fichó por el Sevilla hace tres veranos. Es más, se cuestionó la adquisición del malí. Siete millones de euros por un futbolista de 28 años que lo máximo que había hecho en la Premier era lograr once goles se antojaba arriesgado. Pero se fichó a este gigantón veloz, ladino en su estilo, extremadamente elegante, al que sólo le faltaba el gol que con tanta contundencia ha abrazado en Nervión.
Kanouté se ha hecho este fin de semana con el premio de mejor jugador africano del año. Es el primer jugador no nacido en el continente que se erige con este galardón. Se impuso a Drogba y Essien. Ganar la UEFA, la Copa y ser uno de los mejores jugadores en la Liga le ha valido para superar a los dos peloteros del Chelsea. Poco hay que decir del sevillista. Su aportación al equipo es descomunal. Es lo que podríamos llamar un jugador faro, referencia para el resto. Baja al piso lo que le echen, se retrasa a las líneas de tres cuartos para tocar y tocar, se abre a la banda con el fin de generar espacios… Una delicia de compañero que para colmo cuando tiene un cuero franco no suele andarse con chiquitas y demuestra una efectividad goleadora que asombra incluso a los que más le conocían.
Justo reconocimiento por tanto para este jugadorazo, pilar fundamental en el Sevilla de los últimos años. Puede que ahora Luis Fabiano esté haciendo más goles, pero nadie duda de que el verdadero imprescindible en la vanguardia es el africano. De hecho, el brasileño nunca niega que es la mejor pareja que ha tenido en su carrera, como tampoco olvida obviamente, las ocasiones en las que Frederique le ha cedido el honor de lanzar un penalti, a pesar de que luchaba por el Pichichi, para que así el paulista, cuando estaba de capa caída, tomara confianza. Su generosidad es inusual en este fútbol cada vez más personalista. Es su gran virtud, la de no ser el típico delantero obsesionado con el gol y anteponer el bien del equipo ante todo lo demás.
Justo reconocimiento el del fútbol africano, repito, para uno de los futbolistas que más volcado está con ese continente. De padre malí y madre francesa, profesora de filosofía, Kanouté creció en el seno de una familia de mente abierta en las afueras de Lyon. A los veinte años se convirtió al islam y desde entonces lleva una vida extremadamente rigurosa en los hábitos y ha disparado su dimensión solidaria. Su mayor ilusión estriba en los proyectos que lleva a cabo su fundación en Malí, país por el que es internacional, a pesar de que si hubiera tenido paciencia seguro que le hubiera llegado la oportunidad con los blues. Siempre dice que golea por los niños de su país y lo de este premio ha sido un golazo por toda la escuadra.



Comentarios
Baeza, me parece que el premio no era para su querido Kanuto.
Pues te parece mal. Hoy ha dicho Kanouté que le hicieron la misma llamada, con la misma amenaza. En fin…
Así que borramos los comentarios que demuestran que nos equivocamos, ¿eh? Vaya manipulador estás hecho, Baeza.
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