
Vuelvo a quedarme sin palabras. Anoche Sevilla entera, la sevillista y la bética, se fue a despedir a Antonio Puerta, a acompañar a sus familiares. El aficionado, y no las decisiones institucionales, es el que convierte en grande a un jugador, y el que hace, con su espontaneidad, que al final todo se convierta en un merecido y respetuoso homenaje.
Si me quedé impresionado hará dos años con el funeral y el entierro de George Best a cargo de toda Irlanda del Norte, ¿qué no ocurrirá esta tarde en Sevilla? ¿Qué no ocurrirá a partir de ahora en el Sánchez Pizjuán cada minuto 16 de partido? ¡Qué grande es el fútbol cuando quiere! Lástima que a veces sea en trágicas ocasiones como ésta.
Más información | El País, 20 minutos, ADN


