
Tenía un disparo formidable. Intimidaba, daba latigazos con su derecha, era cruel con el balón, le sacudía sin piedad y pobre el que estuviera en frente. Como Puskas o Scotta, los suyos no podían catalogarse como simples disparos. Era un tipo singular, Santiago Vernazza. Su carrera profesional comenzó en el Platense. Allí jugó 109 partidos e hizo ni más ni menos que 53 goles. Esos números le llevaron a River, que pagó para hacerse con sus servicios una barbaridad para la época. En Núñez formó una de las líneas ofensivas que más lumbre ha dado al fútbol, la conocida ‘maquinita’ millonaria. En el extremo derecho, despuntaba junto a Prado, Walter Gómez, Labruna y Loustau. De la mano de esa inolvidable delantera River vivió uno de los mejores periodos de su historia, ganando cuatro títulos en cinco campañas, en los años 52, 53, 55 y 56.
En la foto que ilustra este post, rescatada de la página web de El Gráfico, revista argentina de indudable calidad y reputación que data de la década de los años veinte, podemos ver perfectamente la violencia con la que Vernazza sacudía el esférico. Era en el torneo del 56, River recibía a Independiente y el bueno de Santiago ejecutaba una falta. La foto es realmente buena. Vemos como sólo dos jugadores de Independiente tienen los arrestos necesarios para mirar de frente a Vernazza y como los que están de espaldas cierran los ojos, quizás rezando para que el balón no les impacte a ellos. Por último, no deja de ser significativa la posición de las piernas del 3 de Independiente, que refleja caramente el estupor que recorre su cuerpo ante el inminente trallazo que va a salir de las botas del contrario.
Vernazza se fue de River en 1957. Marchó a Palermo y allí su leyenda siguió acrecentándose. En tierras italianas se convirtió en un auténtico ídolo. Durante su andadura en el conjunto siciliano, logró un ansiado ascenso y su juego, sobre todo sus soberbios ramalazos quedaron grabados en el imaginario colectivo del conjunto rosa. Es más, los propios hinchas del Palermo, en una encuesta realizada por el diario Giornale di Sicilia lo catalogaron como el mejor delantero del club en el siglo XX. En 1960 fichó por el Milán. Tenía 32 años y aún daba guerra. De hecho, después de pasar una campaña en el conjunto rossonero probó suerte en el Vicenza, donde firmó tres magníficas temporadas.
Del ‘Guito Vernazza’ se ha escrito mucho. Sus años en River fueron inolvidables. Con la selección Argentina logró la Copa América de 1955 y en 1951 fue Pichichi. En cualquier caso, todos estos datos no describen sus cualidades tan bien como la fotografía. En este caso, sin duda, una imagen vale más que mil palabras.


