
Quiero morir un domingo y con el Corinthians campeón
Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, nació en Belém, en 1954. Don Raimundo, su padre, amante de la filosofía, les puso nombres de pensadores a sus tres primeros hijos: Sócrates, Sófocles y Sóstenes. Cuando era un joven universitario, su padre le tenía prohibido jugar al fútbol porque no quería que se despistara de sus estudios de medicina. Sócrates, incapaz de resistirse a la llamada de la pelota, jugaba a escondidas. Así, una tarde que Don Raimundo fue a ver a Botafogo se encontró con una inesperada sorpresa: en el once inicial del Fogão estaba su propio hijo. Pero Sócrates no decepcionó a su padre y se doctoró en Medicina, de ahí su apodo: El Doctor. Y más aún: un tiempo después honró el cuarto mandamiento y se licenció en Filosofía.
En 1978 fichó por el club de sus amores, el Corinthians. Con sus 192 centímetros de altura apoyados en dos pies enanos, de la talla 37, su fútbol pausado e inteligente dio un salto de calidad que le convirtió en el jefe del Timão y le llevó a la Seleção. Y a medida que crecía como jugador, se fue agigantando su figura como referente social.
La dictadura militar instaurada en Brasil encontró en Sócrates y sus compañeros del Corinthians un núcleo de resistencia ciudadana. Bajo el auspicio ideológico de Adílson Alves Monteiro y con la fuerza mediática de Sócrates, Wladimir y Casagrande se creó la llamada Democracia Corinthiana, un movimiento social que retó a la dictadura promoviendo debates de carácter social y que se erigió como ejemplo: en el Corinthians toda decisión pasó a ser tomada por consenso.
Ante la presión social, los militares accedieron a celebrar unas elecciones en 1982. Unos días antes de los comicios, Sócrates salió al campo con una camiseta que, sobre el dorsal, rezaba: Día 15 Vote. Lejos de distraerse con su labor de empujar a las masas a abrazar la democracia, Sócrates llevó al Corinthians a la final del Paulista. El Doctor saltó al césped con una bandera que contenía un mensaje al mundo: Ganar o perder, pero siempre con democracia. Juega un partidazo, marca un gol y Corinthians Campeão. (Con el paso del tiempo los jugadores del Timão adoptaron la costumbre de saltar al campo con camisetas con eslóganes del tipo Democracia ya o Quiero votar para Presidente; Sócrates, además, convirtió en famosas sus cintas en el pelo con mensajes como Amor, no terror, Comida para Etiopía o No al Apartheid.)
Unos meses más tarde llegó el Mundial de España. Yo nunca vi jugar a Sócrates en directo, pero han sido tantas las veces que mi padre me ha hablado de aquel equipazo brasileño del 82 que es como si hubiera estado un poco allí —internet también ayuda—. Sócrates capitaneó a una Canarinha que con Zico, Junior, Eder, Falcao… jugaba un fútbol maravilloso. Eran los mejores, a nadie le cabía duda. Pero en su sendero a la gloria se encontró con la Italia de Paolo Rossi y aunque Sócrates logró meterle un gol a Zoff, Rossi ejecutó los sueños brasileiros con un histórico hat-trick. Al final del encuentro un valiente reportero se atrevió a soltarle al Doctor: ¿Qué se siente después de haber perdido siendo tan bueno y tan favorito? Sócrates respondió: ¿Perdimos? Mala suerte… y peor para el fútbol… Aquella Brasil no ganó el Mundial, pero todos la recuerdan y muchas la consideran el mejor equipo que han visto en su vida.
Dos años más tarde, en 1984, cruzó el charco para jugar en Europa. Se fue a la Fiorentina. Inadaptación y saudade. Un año después estaba haciendo las maletas de vuelta a casa. En 1986, con 32 años, encabezó el combinado nacional que viajó a México para sacarse la espina del 82 y volver a llevar a casa un copa que no ganaban desde 1970. En esta ocasión quién se cruzó en su camino fue la Francia de Michel Platini. El partido acabó llegando a la tanda de penaltis. Sócrates tiró el primero y, como le ha pasado a tantos y tantos números uno en la Historia del fútbol, falló. También lo hizo Platini, pero Francia acabó ganando y dejó a Sócrates sin un título que merecía más que nadie.
Como reconoció años después, Sócrates comenzó su triste historia con el alcohol cuando aún era jugador del Corinthians. Con la presión de ser un referente como jugador y un símbolo de la lucha prodemocrática, empezó a buscar algo en las botellas. Su alcoholismo le fue matando poco a poco. En 1983, en una entrevista para una revista, le preguntaron cómo le gustaría morir. Las palabras que pronunció como respuesta encabezan este texto: Quero morrer em um Domingo e com o Corinthians Campeão.
En la madrugada del sábado pasado, a las 4:30, Sócrates murió en el hospital Albert Einstein de Sao Paulo a los 57 años. Ya era domingo. Unas horas después el Corinthians, su Timão, se jugó el título del Brasileirão en el mejor escenario posible: todo un Derby Paulista contra el Palmeiras. Antes de comenzar el encuentro, los jugadores de ambas escuadras formaron un círculo alrededor del centro del campo y, con Liedson a la cabeza, los del Timão elevaron el puño al cielo, como siempre hacía El Doctor al saltar el campo y al meter un gol. Las 50.000 almas que colmaban la grada imitaron el gesto y elevaron un grito, casi una plegaria: Èh Sócrates! Èh Sócrates! Èh Sócrates!. 0-0 al final del partido y, como había deseado Sócrates: ¡Corinthians Campeão!
Don Raimundo tuvo un cuarto hijo. Pero su señora ya estaba harta de los filosóficos nombres que le gustaban a su marido y le impidió seguir con la costumbre. Entonces el cuarto hijo recibió el nombre de su progenitor, Raimundo. Con el tiempo acabó siendo conocido como Raí y en los años 90 ganó todo lo que no logró su hermano mayor: dos Libertadores y una Intercontinental con el São Paulo, un Mundial, el del 94, con A Canarinha y hasta triunfó en Europa levantando una Recopa con el PSG. Su hermano mayor, Sócrates, fue mucho más jugador que lo que sus títulos dicen. Y, por encima de todo, fue mucho más que un jugador de fútbol.
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Comentarios
A mí me pasa lo mismo, no vi a la Brasil del 82 jugar, pero mi padre y mi tío me han hablado siempre maravillas de ese equipo y de Sócrates. Qué grande El Doctor, clase como jugador pero inmenso, enorme, gigante no ya en lo físico sino en lo moral. Y qué currículum. No conozco a otro jugador como él, para quien la vida y la lucha por un mundo mejor fue bandera que lucía orgulloso por donde pasaba. Qué pena que se haya marchado tan pronto.
Yo tampoco vi esa Brasil del 82 pero sin desmerecer a este jugador, la "nueva" generación de brasileños (esos que no vieron a Pelé ni a Garrincha) suelen tener como ídolo a Zico... menudo par debían ser.
Ojalá hubiera más jugadores como Sócrates implicados en los problemas sociales y siendo conscientes de que son una voz importante para muchas personas.
Enhorabuena por el artículo Bruno, tendré que ver vídeos de Sócrates. Increíble su carga social, y el hecho de ser doctor, filósofo y futbolista de primer nivel.
Buen artículo para un gran jugador y un gran futbolista. Pero lo más llamativo, y perdonad que me quede con la anécdota, es que el gran mediapunta del PSG de los 90 y del Brasil del 94, Raí, fuera hermano de Sócrates. Hala talento, el que desperdigaron por Brasil don Raimundo y su madre...
Sí, grandes futbolistas los dos pero, además, grandes personas que están socialmente muy consideradas en Brasil por su compromiso social y político. La verdad que sí, vaya talentos!
Gran artículo. Lo de "¿Perdimos? Mala suerte… y peor para el fútbol..." me parece buenisimo.
No conocia la historia de Socrates, muy interesante el articulo, enhorabuena
SIn duda uno de esos misterios que de vez en cuando nos depara el fútbol. Una de las mejores selecciones de todos los tiempos, ya no sólo brasileña, en la que estaban algunos de los mejores jugadores y más talentosos del planeta, peloteros como Zico, Junior, Falçao, Casagrande, Toninho Cerezo, Elder, etc... y como no, el gran capitán, Sócrates. Yo crecí viéndoles jugar y parece mentira que esta selección no tenga al menos un Campeonato del Mundo. Era una delicia verles jugar, ese fútbol de ataque, sin preocupaciones, todo velocidad y técnica exquisita. En fin, como para tantas otras cosas, siempre nos quedarán los videos. Grande Sócrates! Grande Brasil 80'!!
Yo sí que vi jugar a Socrates y no se si es porque era pequeño (unos 10 años) o porque realmente fue así, pero yo también opino que es el mejor equipo que he visto nunca, luego ya están el Barça de Cruyff y el de ahora. Me imagino que los que sean aún mayores meterían al Brasil del 70. Un jugador y un equipo impresionante y siempre me ha dolido que esta selección se quedase sin el premio que se llevó la de Parreira. Después del mundial de España el juego de Brasil ha ido perdiendo alegría poco a poco, aunque siempre con los mejores jugadores del mundo, y ganando en practicidad para desgracia de los espectadores.
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