El día de ayer fue de sabor agridulce para Mauricio Macri, presidente de Boca. El dirigente bostero se presentaba como candidato a jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y en los comicios arrasó de forma estrepitosa, sacándole más de veinte puntos a su perseguidor y quedándose a sólo cinco de la mayoría absoluta, que le hubiera evitado tener que compadecer en la segunda vuelta, que se celebrará en tres semanas.
Macri ganó en todos las circunscripciones, arrasó de lo lindo incluso en Núñez y Belgrano, zona de influencia de River. Su popularidad no alcanza límites. Es el títpico hombre simpático, cumple el perfil exacto de candidato de cara bonita con linda sonrisa. Ha acumulado un 45% del total de los votos. Fue un día feliz, en ese sentido, porque el líder del Xeneize por fin parece que va dar el ansiado salto a las instituciones, como lleva intentando desde hace tiempo, a pesar de que ya es diputado nacional. El fantasma de Silvio Berlusconi coléa por Argentina, hasta el punto de que muchos lo colocan ya como la principal figura de la oposición a Néstor Kirchner.
En cambio, en el fútbol las cosas no le salieron tan bien. No pudo acudir a Santa Fe y tuvo que ver por televisión como Boca echaba por tierra el Clausura en el Cementerio de Elefantes ante un Colón que le comía la oreja. Se le fastidió el día a Mauricio, que lleva una semanita en lo futbolístico para olvidar, con la derrota cosechada ante el Cúcuta. Los últimos resultados en mundo Boca están volviéndose en su contra y ya son muchos los que apuntan que el puesto de gobernador porteño con el de presidente del Azul y Oro son incompatibles.
No es la primera vez que Macri gana las elecciones a jefe de gobierno porteño. También triunfó en 2003, pero en la segunda vuelta Telerman le derrocó. Esta vez sí, parece que no se le va a escapar, porque la distancia con sus perseguidores es mucha. Macri está cerca de conseguir uno de sus grandes objetivos en el plano personal, pues desde que llegara a la dirigencia del Xeneize en 1995 nunca ha escondido sus ambiciones políticas.
Evidentemente, la polémica está servida. El currículum de Macri no está exento de manchas. Ha sido imputado por contrabando y las relaciones que ha tenido con la Doce y su hasta hace poco líder Rafa Di Zeo están más que probadas, pues de hecho el mismo Macri llegó a decir que el Rafa era “buena gente”. Mauricio es hijo de Franco Macri, un italiano que emigró a Argentina con 19 años y que actualmente es uno de los mayores empresarios del país, aunque, cuidado, sus compañías experimentaron un desproporcionado crecimiento durante la dictadura de finales de los setenta y principios de los ochenta. Evidentemente, su rival en la segunda vuelta ya ha activado el ventilador para que toda la mierda empiece a salpicarle.


