
Nunca vi nada igual en un Barça-Madrid o viceversa. Jamás. De él han dicho muchas cosas, que si era un jugador de dibujos animados, que si era un fantasioso, que si le dabas un metro te dejaba KO con una cautivadora obra de arte… Romario simplemente divergía del resto, por eso fue el mejor y por eso no tuvo ningún reparo en regresar a Brasil con 28 añitos, cuando tenía a Europa a sus pies, cuando podía haber conseguido todo. Con su escaso 1,70, sólo un genio podía ser tan determinante en los metros finales. No destacaba por su físico ni por su velocidad, simplemente por su inabarcable calidad, por si inenarrable capacidad para moverse por él área y colocarse en el lugar indicado, justo en el momento oportuno.
Recuerdo la jugada como si fuera ayer aunque han pasado catorce años. Guardiola se la pone de primeras con un pase raso al área, Romario recibe, siente el aliento de Alkorta en su nuca, y entonces saca su varita, la agita y hace magia, partiéndole la cintura al vasco con una inverosímil cola de vaca para luego batir con un sutil toque derecho dirigido al palo izquierdo a un Paco Buyo que todavía estaba embobado por lo que se había inventado ese pequeño excepcional futbolista.
Romario sazonaba el fútbol. Y en aquella noche nos dejó una de las cosas más sensacionales que se han hecho con un balón en los pies. Luego hizo dos goles más y le dio otro a Iván Iglesias para cerrar un alucinante 5-0. Pero eso ya daba igual. De hecho Urío Velázquez tenía que haber suspendido aquel encuentro en ese glorioso minuto 24, cuando ese brasileño con pinta de flojo pero letal como nadie demostró gráficamente que en el fútbol también existen clases sociales y que en ese césped nadie estaba a su altura. Lo que pasara a partir de ese momento ya no tenía sentido.
En los últimos años ha habido momentos espectaculares. Se me viene a la cabeza ese golazo de Raul mandando callar al Camp Nou, el obús de falta de Roberto Carlos en el Bernabéu, los trucos de Zidane, la exhibición de Ronaldinho a domicilio hace dos campañas… Pero nada, absolutamente nada puede compararse en mi opinión con aquella pieza básica para entender que el fútbol en ocasiones puede trascender los límites del arte cuando un tipo se fabrica en un metro cuadrado un golazo increíble. Fue como un punto de inflexión en este tipo de encuentros, marcado a mi juicio por uno de los mejores delanteros de la historia, el más grande de la época moderna.



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romario era simplemente el mejor
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