Para Mate Bilic, segundas parte sí fueron buenas

Fernando Castellanos 2 de noviembre de 2008 2 comentarios

MateBilicSportingGijon.JPEG Pocas veces en el fútbol un ‘hat-trick’ poco o nada sirve para llevarse los tres puntos. Sucedió hace algo menos de dos meses. Su protagonista, Mate Bilic, un ariete puro que domina a la perfección el arte de destrozar marcos rivales. El rival, el aguafiestas rival, el Sevilla, que dejó en agua de borrajas el impresionante triplete del croata del Sporting de Gijón. Tres goles que en el resultado final sólo sirvieron como atrezo (4-3) pero que dejaron clara la gran relación con el gol de este futbolista que, tras muchos años de esfuerzo, ve recompensado su trabajo en Primera División.

A Bilic no le ha sido fácil asentarse en la otrora Liga de las Estrellas. Llegó siendo un desconocido en la 2001-2002, cuando el Zaragoza se hacía con uno de los delanteros croatas con más proyección. Recuerdo una entrevista que le hicieron en no sé que medio escrito en la que aseguraba soñar jugar en Europa con el conjunto maño. Sin embargo, la competencia obligó a sus deseos a esfumarse. En su primer año en la capital maña apenas jugó y tan sólo marcó un gol. Hombres como Drulic, Milosevic, Yordi o Jameli gozaban de más oportunidades que él, que a la siguiente temporada, y durante unas cuantas, acabó cedido en varios equipos, uno de ellos, el que hoy defiende a capa y espada.

Pasó por Almería, por Gijón, luego recaló en el Córdoba o en el Lleida, siempre en Segunda, marcando goles a borbotones (excepto en su paso por Andalucía). Luego le llegó la oportunidad de cumplir su sueño, aunque eso sí, lejos de España. El Rapid de Viena le concedía la posibilidad de jugar en Europa. Y se marchó a Austria en la 2006-2007. Duró un año y medio. Marcó goles y ganó una Liga, pero no estaba a gusto. Y llegó la llamada del Sporting. Otra vez. En su primera etapa logró 15 dianas que cerca dejaron a los asturianos del ascenso, por lo que el reto de pelear por volver a estar en la elite entusiasmó al croata, que puso fin a su aventura austriaca para atender al llamamiento de Manolo Preciado.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero ese dicho en Croacia quizá no exista, ya que para Bilic su segunda etapa como sportinguista fue (y es) aún mejor que la primera. El Molinón redescubrió a su crack y él respondió con goles y galones sobre el césped. Regresó en Segunda, jugó 22 partidos y clavó 10 chicharros básicos para desquitarse y llevar a Gijón fútbol de Primera. En la máxima categoría su puntería no se resiente y se sigue desquitando de aquel fracaso en Zaragoza. Ante el Numancia (3-1) llegaron dos goles más a una cuenta que ya suma seis. Casi, casi, como las victorias que suma de manera consecutiva el Sporting (cinco: cuatro ligueras y una copera), que por fin ve que las dianas de su perfecto artillero surten efecto en el casillero de puntos. Y merecidamente, claro.

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Comentarios

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    Manolo Preciado, ese si que sabe de fútbol. Ademas es un tio humilde.

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    Qué buenas sensaciones causó este chaval croata cuando estuvo en la ribera del Ebro… lástima de la competencia (Savo Milosevic, Yordi-gol) y de las malas temporadas de la era post-Chechu Rojo…

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