Premios de hojalata

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KanouteConseguir el éxito es fácil, lo difícil es merecerlo

Esta frase pronunciada por Albert Camus en un momento de lucidez, ejemplifica a la perfección la caprichosa aletoriedad en la concesión de premios en ámbitos como el cine, la literatura, y sobre todo el fútbol. El otro día mi compañero Juán Baeza, se hacía eco en un post de la concesión a Kanouté del premio al mejor jugador africano del año. Con excelente estilo defendía el merecimiento del mismo por parte del delantero del Sevilla. Apenas un día después estallaba el escándalo. Según Costa de Marfil, el galardón habría sido concedido a Drogba, pero al negarse al acudir a la ceremonia, por estar concentrado con su selección, la Federación Africana le retiró el premio, concediéndoselo al segundo más votado, en este caso Kanouté, y amenazando al marfileño con no volver a concedérselo.

No se si el premio recibido por Kanouté es justo, Adebayor o Essien, otros de los candidatos, podrían haberlo recibido también con todo merecimiento. En cambio, sí me parece que la concesión del galardón a Drogba es inmerecida, teniendo en cuenta su gris temporada en el Chelsea. Sin embargo, mi objetivo con este post no es centrarme en la idoneidad de la elección final, sino criticar el proceso de concesión de premios futbolísticos no sólo en África sino a nivel mundial.

Las razones para la elección en este tipo de galardones son ante todo comerciales y publicitarias, no responden a los méritos desarrollados en el campo. Difícilmente explicable es el hecho de que Drogba haya sido el vencedor durante los últimos tres años, aunque comprensible por el peso publicitario que para el continente Africano puede tener Drogba y su Chelsea, superior al de Kanouté. La todopoderosa multinacional Nike tiene también mucho que decir al respecto. Si alguien se ha hecho acreedor de este premio durante los últimos años, es Essien, máxime después de ser la única estrella que no está fallando en la Copa de África. Sin embargo, el galardón está vetado para cualquier jugador que no sea delantero, por ese extraño razonamiento que indica que el mediocentro es una pieza tan despojada de glamour que no puede ser merecedora de tan preciada distinción.

Si extrapolamos este tipo de injusticias y arbitrariedades al ámbito europeo, la lista de damnificados no tiene fin. La absurda bicefalia entre Balón de Oro y FIFA World Placer compite a ver quien roza más los límites del absurdo y la incoherencia. Imperdonable que leyendas como Roberto Carlos, Cafú o Dessailly, no tengan un balón de oro. El olvido de los dos pilares fundamentales del concepto de fútbol moderno como Baresi y Maldini da una idea de la validez y objetividad de estos premios.

A cambio, encontramos galardonados que sin desmerecer su nivel como jugadores, no están a la altura de lo que se supone debe ser el mejor jugador del mundo. Cannavaro, Sammer, Nedved, Owen o Belanov, jalonan esta lista, buenos jugadores, sin duda, pero nombres que pasarán al olvido en apenas un lustro. En ocasiones, cuando no saben a quien otorgarle el premio, reinciden en el del año anterior o tratan de ir de la mano respecto a su gemelo. Así, el Fifa World Player de Figo en el 2001 o el de Cannavaro en 2006, son al menos discutibles.

Kanouté puede estar orgulloso de su premio o tirarlo a la basura, según le plazca. La satisfacción de la gran temporada realizada con el Sevilla y su espectacular crecimiento como jugador en los últimos años debe ser su alimento. Para las Federaciones infectadas de intereses comerciales, queda el tufo de estos premios de hojalata.

Vía | As
En NdF | Continente África: candidatos amejor futbolista del año

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