Seedorf, una vieja gloria que resiste

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Clarence Seedorf

Mañana el césped del estadio Kallimarmaro se plagará de estrellas dignas de todo tipo de análisis a nivel individual. El duelo en el centro del campo entre Gerrard y Gattuso, las figuras en las porterías con Reina y Dida, el mítico Maldini en la zaga milanista…

Pero hoy me decanto por destacar a un jugador tal vez nunca ha recibido el reconocimiento completo que se merece. Y sin embargo, es el único jugador que ha logrado ser campeón de Europa con tres clubes diferentes. Algo tendrá, ya que en el equipo que recala acaba llevándolo a lo más alto y su marcha supone siempre un golpe duro para cualquier plantilla. Se trata de Clarence Seedorf. Es evidente que, a sus 31 años recién cumplidos, Seedorf ya no está entre lo más destacado del panorama futbolístico. Está claro que su nivel físico, uno de sus grandes fuertes durante toda su carrera, ya no está como cuando destacaba en el Ajax. Pero Clarence ha tenido siempre algo que no se pierde: una inteligencia futbolística fuera de común que lo hace diferente sobre el campo.

Recuerdo cuando llegó a aquel primer Real Madrid de Capello, plagado de jugadores que se adaptaban al estilo del técnico italiano como piezas del mismo motor, como era el jugador que más me gustaba junto con Mijatovic. Y sin embargo, los veía sobre el césped totalmente diferentes, por eso me gustaba ese contraste. Si el montenegrino aportaba los picos de calidad que destacaban sobre el resto de jugadores, Seedorf era la regularidad personalizada, el saber estar y decidir siempre la mejor opción a cada momento. Y esa cualidad el holandés no la ha perdido.

Para mí fue un error que Van Basten no se lo llevara al pasado Mundial. Cierto es que Holanda cuenta en la actualidad con centrocampistas de calidad contrastada capaces de llegar a picos de excelencia que quizá al veterano Clarence le cueste ahora llegar. Pero en la época de las estrellas efímeras, las jóvenes promesas, los bluffs y los vendedores de humo, bien está contar con un jugador que es el único ‘superviviente’ de aquella magnífica generación que hicieron campeón al Ajax en el 95 y que tan prematuramente bajaron el nivel, repartidos con suerte dispar por las mejores ligas europeas.

Seedord aporta ese valor intangible del sexto sentido, algo que hoy en día también se le puede atribuir a Deco. Si Seedorf chuta, seguramente va a crear peligro, porque sabe escoger el momento justo. Si hay un rechace, por allí estará él. Si nota que las fuerzas no le llegan a recorrer kilómetros y kilómetros como antaño, suplirá esta carencia con su exquisita colocación. ‘Algunos dicen que soy como el vino tinto’, afirmó el holandés la semana pasada a Reuters. Efectivamente, su actuación en la fase final de la máxima competición europea ha sido más que notable.

Y cuando sobre el campo parece un ordenador que lo controla todo, al acabar el partido expresa como nadie su alegría en la victoria y su desesperación en la derrota, demostrando ser un jugador de carácter que lleva sus emociones por dentro. Seguramente, al saltar mañana al césped del Kallimarmaro, estas emociones internas no podrán olvidar la última aciaga final contra los reds. Al final del encuentro, podrá haber logrado completar un palmarés de cuatro Copas de Europa. Como el gran jugador que es, sabe que no sólo está en su mano. El no podrá ser el mejor Seedorf, pero hará de los otros los mejores.

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