
Lamento que el fútbol y sobre todo el Espanyol pierda a un buen entrenador, además de ser de la casa, que personalmente es lo que más me duele. Los números hablan y desde hace exactamente un mes que el club perico no gana un encuentro en Liga, es más, salvando la goleada en el partido de vuelta de Copa del Rey ante el Celta de Vigo, ha perdido todos los encuentros, casi todos por un gol de diferencia, pero no ha arañado ni un paupérrimo punto en todo ése tiempo.
Se puede ir con la conciencia tranquila: ha dejado al equipo salvado. A juzgar por la pretemporada y las palabras del director deportivo refiriéndose a la excasez de dinero en las arcas del club, todo hacía presagiar una temporada dura donde el objetivo era la permanencia con vistas a un futuro mejor con gente de la casa, empezando por el entrenador. Concretamente se dijo que Óscar Sielva estaba entrando en el primer equipo buscando en él un jugador importante para el año que viene. Finalmente no le dieron la oportunidad al bueno de Tintín de salvar dignamente al equipo, porque perder quince puntos de quince posibles y que no haya entrado en descenso quiere decir que tan mal no lo había hecho antes. Si realmente hubiesen confiado en él no le habrían echado, por mucho más se han aguantado otros técnicos.
Las palabras de Herrera, cuando dice que querían a alguien sin miedo y con criterio deja en muy mal lugar al exentrenador, un hombre de la casa, que ha crecido como técnico desde cadetes hasta llegar al primer equipo pasando por todos los equipos inferiores, una persona que ama el espanyolismo y lo lleva en la sangre se merece un poquito de respeto de otro que se le supone que tiene la misma raíz. Las palabras de Herrera sobran más que duelen. El bueno de Tintín comenta en días previos a su último encuentro que había pasado una semana difícil pero que estaba tranquilo. Si la destitución del Cuco Ziganda olía a quemado la de Bartolomé Márquez huele mucho peor.
Imagen | Marca



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