Ultras y sainetes

Juan Baeza 8 de diciembre de 2008 0 comentarios

Ultras Sur

En el Madrid hay una fractura social evidente. Lo que ocurrió este domingo en la asamblea previa al encuentro ante el Sevilla fue más propio de un sainete dantesco que de uno de los clubes más importantes del mundo. Son muchas las cosas que podemos apuntar de esa mañana negra para el madridismo, mañana vodevil para ojos neutros, penosa para los emocionalmente implicados… Pero yo, particularmente, me voy a quedar con la irrupción de los Ultra Sur en la escena de los hechos, los mismos que defendieron con términos malsonantes a Ramón Calderón, con las consecuentes sospechas que esa incondicional abrigo levanta para muchos.

Creo que dar voz a los ultras es entrar en una espiral peligrosísima, sobre todo si se trata de un grupo antisistema que abraza una ideología xenófoba. Que los miembros de los Ultra Sur entraran en la asamblea puede no ser casualidad y eso decepciona, sobre todo porque uno siempre ha percibido al Real Madrid como un club señorial, correcto, serio, sin espectáculos lamentables. Calderón no debería nunca haber permitido esa infame defensa que le propiciaron esos más que cuestionables aliados. Quien la lleva la entiende, se suele decir. Pero el que la lleva, el presidente merengue, debería tener meridianamente claro que aprobar las cuentas anuales con más de 400 votos en contra no es buena señal.

Se me viene a la cabeza Joan Laporta. Quien me haya leído en anteriores ocasiones, sabrá que en bastantes ocasiones he mostrado mi disconformidad con su forma de gestionar el club culé. Sin embargo, hay una cosa que no le puede quitar nadie, su firme compromiso con suprimir la presencia de los ultras violentos del Camp Nou. Los Boixos Nois ya no tienen voz en el campo blaugrana y eso es un mérito que hay que reconocerle a Laporta, que incluso ha visto peligrar su integridad física en el empeño de limpiar las gradas de su estadio.

Las comparaciones son odiosas, o no. No sé si será cierto, pero da la sensación de que Calderón se ha escudado en unos fanáticos radicales que no actúan por amor al arte, para poder acallar las muchas voces que cuestionan su forma de manejar el Real Madrid, el mejor club del siglo XX según la FIFA. Y eso, escudarse en violentos, es como agarrarse a un clavo ardiendo dentro de un amargo estado de pánico, quemar un último cartucho de dudosa honorabilidad. Ello invita a pensar que los cimientos de la era Calderón están resquebrajados y que el final está cerca. El presidente dice que le dio pena lo que ocurrió el domingo. En sus manos está convocar elecciones y devolver la paz social a una entidad que ahora está divida en dos partes irreconciliables, que estallarán la una contra la otra como no lleguen resultados deportivos aceptables, desatando el más despreciable de los cainismos dentro de de la casa blanca. Puede que el siga creyendo que lleva razón, pero debería entender que un buen capitán no puede navegar en condiciones si parte de la tripulación está esperando la mínima para montarle un motín. Puede, de hecho, que el lleve razón, pero navegar con tanto en viento en contra acabará en naufragio.

En NdF | Fila 18, Fondo Norte: Calderón y la sombra de la duda

En La Voz de Galicia | Antiviolencia exige a Calderón que deje de dar apoyo a los Ultra Sur

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