Un paseo por los Balcanes: Zdravko Mamic y su despótico imperio en Zagreb

Juan Baeza 10 de octubre de 2008 2 comentarios

Zdravko Mamic

Maksimir es un barrio que rezuma fútbol, lejos del bullicio del centro de Zagreb. En este distrito de la capital croata el principal reclamo es el estadio del Dinamo, enclavado en un gran complejo deportivo algo vetusto, sólo maquillado con un gran restaurante donde los principales hombres de negocio de la ciudad se mezclan con los jugadores del equipo más importante del país. Pero Maksimir, es sobre todo, el lugar donde Zdravko Mamic comenzó a granjear un poder que le ha llevado a estar por encima de todos, más allá del bien y del mal, con poder absoluto en toda la capital, seguramente incluso más que el propio alcalde.

Zdravko Mamic es supuestamente el vicepresidente ejecutivo del Dinamo pero en el Maksimir no se hace nada sin que él otorgue el perceptivo OK. De 49 años, Mamic es uno de tantos ciudadanos del Este que se enriqueció con la entrada del capitalismo en los países comunistas. Nacio cerca de Zagreb y su obsesión siempre fue jugar en el Dinamo, pero no tenía condiciones para ello, de modo que comenzó a vender cojines de espuma en las cercanías del estadio. Con la caída del muro supo mover sus ahorros con lucrativas inversiones al amparo de la mafia en una empresa forestal y en otra de bebidas, que luego vendió a un traficante de armas… Así se gestó la figura de este singular personaje que ya en los años noventa consiguió meterse en el mundo del fútbol y que, muchos dicen, es el auténtico rey de Zagreb.

Desde sus comienzos acaparó titulares por sus violentas conductas. Agredió a un directivo de la federación croata hace quince años, siendo sancionado de por vida, hecho que no le ha impedido seguir siendo el jefe del Dinamo. También le pegó a un jugador del NK Zagreb, así como al antiguo director deportivo de su club, sin recibir sanción alguna. Junto a su hermano se hizo agente FIFA y en los últimos años no ha cesado de enriquecerse con un sistema sencillo y eficiente: comprar lo mejor de la liga local, promocionar a esos jugadores y luego venderlos a precios millonarios. El caso de Luka Modric es paradigmático en este sentido.

La lista de actos indisciplinarios de Mamic no termina ahí. Al ritmo que su poder ha ido creciendo ha aumentado su conducta agresiva e indomable. En los noventa le pegó a un policía cuando pretendía multarle y años después, cuando llegó el juicio, el agente afirmó no acordarse de nada de lo sucedido. Cuentan también que hace años, concretamente eb 2003, cuando fue a ver al que fuera alcalde Vlasta Pavic, para saber si el proyecto de rascacielos que él mismo había ideado para la capital croata estaba finalmente aprobado, recibió una respuesta negativa por parte de su secretario. Mamic estaba en muletas, porque había salido de una operación, pero eso no fue óbice para que propinara un muletazo al secretario y liara una de las suyas. Curiosamente el incidente quedó en el olvido y el proyecto de Mamic fue aprobado, prueba irrefutable de su enorme poder.

Lo cierto es que con Mamic al mando el Dinamo ha vuelto a ser indiscutible en Croacia, aunque la popularidad del vicepresidente está cayendo en picado. Las continuas ventas de los cracks no están gustando en el seno de la hinchada del Dinamo y la contratación el pasado verano de un jugador del eterno rival, Hadjuk Split, desató la furia de los Bad Blue Boys, los violentos ultras de Maksimir. Ni corto ni perezoso Mamic cerró el estadio a todos los aficionados para evitar las protestas… La prensa ataca continuamente este tipo de decisiones dictatoriales pero cada vez con menos contundencia porque Mamic persigue también a los periodistas sin ningún complejo. Ha golpeado a varios periodistas y hasta los ha amenazado de muerte. Varios de ellos incluso han tenido que huir de la ciudad.

El respeto que infunde Mamic es alucinante. Los afortunados que puedan visitar las entrañas del Maksimir, aquel estadio en el que hace casi dos décadas Boban comenzara una rebelión civil contra Serbia a patada limpia, podrá comprobar el poder del vicepresidente. En la sala de juntas, rodeada de trofeos, destaca una mesa tan grande como la principal. Ni siquiera una mirada furtiva te permite el guía del Dinamo, advirtiéndote que es propiedad de Mamic. Y Mamic está en todas partes en el estadio, tiene espacios reservados en todas las salas de hospitality y en el palco su asiento, el más elevado de cuantos hay, lleva su nombre. Intentar sentarse está absolutamente prohibido, cosa que no ocurre con el resto.

Es éste un pequeño retrato de uno de los hombres más singulares del fútbol europeo, un tipo temido y respetado por todos en Zagreb, que caza a periodistas y desafía continuamente a las instituciones, que no se corta en lanzar un saludo nazi a sus hombres en tierras lituanas después de que el Dinamo lograra superar una fase previa de Champions, que le pega a futbolistas rivales, que usa el club para promocionar a jugadores que representa y luego venderá o que ningunea a sus hinchas, dándole igual el supuesto cariz peligroso de los Bad Blue Boys, sabedor de que nadie en esa parte del mundo tiene más poder que él… Sí, éste es Zdravko Mamic, genuino, odiado, cada vez más, e idolatrado, responsable directo de los incontestables éxitos del Dinamo en los últimos tiempos, pero también del descrédito que el club se ha franjeado en la UEFA y la federación croata. Afortunadamente personajes como él no existen en nuestro fútbol.

Comentarios

  • 1 Avatar

    Vaya tipejo, con gentuza como esta hace que le cojas manía a sus equipos.

    Buen artículo, no conocía a este personaje.

  • 2 Avatar

    Una alhaja, el colega.

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