
No me extraña que Arséne Wenger apareciera casi desquiciado ayer, de pie delante de su banquillo, en los últimos minutos del Arsenal vs. Liverpool liguero de ayer (1-1). En un hombre de gestos suaves como el francés, se hacía más evidente la frustración que sentía tras no poder ganar al Liverpool por segunda vez en apenas cuatro días.
Tanto en la ida de los cuartos de final de la Champions League como ayer en Premier, el Arsenal ha sido infinitamente superior a los reds de Benítez. Pese a que el eléctrico final del partido de ayer pueda despistar, con los dos equipos lanzados al ataque cada vez que disponían del balón, el Arsenal siempre llevó la iniciativa, remató y más e incluso puede quejarse de errores arbitrales.
Como bien decía Wenger, su equipo no ha obtenido todos los beneficios que su juego y valentía merecen. Es cierto que algún mérito tendrán Benítez y sus jugadores en todo eso. No se puede negar. El Liverpool es seguramente el peor equipo de toda Europa para cualquier rival al que enfrentrarse en una eliminatoria a doble partido. Con permiso del Sevilla de Juande, en los últimos años han eliminado al Arsenal, al mejor Chelsea de la historia, al FC Barcelona, al Inter y en dos finales ante el experto Milan le han ganado una. Casi siempre amparadas bajo la imponente e inmejorable protección de Anfield Road, esas actuaciones le han dado la entrada directa a Benítez a un destacado lugar en la historia del Liverpool. Pero difícilmente el juego practicado bajo su dirección deportiva resiste comparación alguna con los grandes equipos guardados en la memoria del aficionado de The Kop.
El Liverpool tiene más títulos, tanto nacionales como europeos, que nadie en Inglaterra. Pero hace casi veinte años que no gana la liga, y, desafortunadamente, nos guste o no, ganar la Champions League o tener opciones de hacerlo ya no es sinónimo de buen fútbol. Desde que se apartó de su tradición del passing game, nada ha vuelto a ser lo mismo. Anfield sigue fiel a su equipo, que como todos sabemos nunca camina solo, pero todos añoran los tiempos en los que el Liverpool de Shankly y luego de Pasley revolucionó el fútbol británico. Se empeñaron, aunque parezca sensillo y casi infantil si no se piensa un poco, en que un jugador con camiseta roja le diera la pelota siempre a otro con la misma camiseta. Cambiaron los entrenamientos, se encabezonaron en demostrar que había algo más que el balón largo, el córner y el rechace. De ahí salieron genios como Keegan, Daglish y Souness, y años más tarde otra generación con Peter Beardsley y John Barnes. Y los títulos, claro.
Un gol vale lo mismo se marque como se marque, menuda perogrullada. Pues claro. Pero ver a todo un Liverpool jugando desde su portero Reina para Peter Crouch, a mí me produce cierta tristeza. Irreprochable el partido del bueno de Crouch ante el Arsenal; hacía mucho que no jugaba y aprovechó al máximo todas sus virtudes, gran gol incluído. Pero Benítez está reduciendo cada día más la brillante tradición de su club a un libreto defensivo, ventajista y rácano. El aficionado inglés es paciente y fiel, pero también sabe lo que ve. Soy de los que piensan que el Liverpool esta semana eliminará al Arsenal en Europa y pasará a semifinales. Anfield Road en un partido así suma casi más que algunos jugadores. Pero si es así, creo que no será por buen fútbol. A Bill Shankly no le gustaría.
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