Bojan

El Barcelona llegó al Heliodoro Rodríguez López tras encadenar dos malos resultados en los últimos partidos: empate en Liga con el Villarreal y derrota en Copa con el Sevilla. Además, el Madrid acababa de ganar su partido contra el Osasuna Mallorca (sí, bajo la nieve, o el aguanieve, como se han encargado de repetirnos hasta la saciedad en todas las radios y televisiones, ESPN incluida, como si sólo nevara en Madrid…), situándose virtualmente líder del campeonato.

El partido comenzó con un Tenerife espoleado por un estadio lleno y en los primeros diez minutos dispuso de dos ocasiones clarísimas. La primera de ellas doble, con un tiro al larguero de Alfaro y un remate posterior de cabeza de Kome que sacó bajo los palos Puyol, (¡siempre Puyol…!). La segunda la desbarató Valdés con una buena mano de reflejos a tiro otra vez de Alfaro. El Tenerife, como había asegurado en la víspera su entrenador, José Luis Oltra, salió a presionar al Barça y desechó la habitual alternativa del autobús, algo muy loable tratándose de un equipo a un solo punto de la zona de descenso. Y consiguió poner en problemas al equipo blaugrana que, a pesar de jugar con su centrocampo más técnico (Busquets,Xavi,Iniesta). El Barcelona aguantó el tirón y los chicharreros no lograron rematar la faena con un gol; huelga recordar que ocurre en el fútbol cuando se perdona, y más contra un equipo como el Barça: minuto 35, primer tiro entre los tres palos y gol, de Messi a pase de Bojan; ocho minutos después, Puyol remató a la red un córner sacado por Messi y en la prolongación, el tercero, el segundo de Messi, otra vez con el Noi de Linyola en el papel de asistente. En diez minutos, los de Pep Guardiola finiquitaron un partido en el que no estuvieron sobrados de buen juego, por decirlo suavemente, no sea que me confundan con los profetas del apocalipsis de la era Guardiola.

Tras el descanso y con el devenir de los minutos, el único atractivo que le quedaba al encuentro era la más que posible entrada de Pedro en el campo, para regocijo de su parroquia. Justo antes del ingreso del joven canario, Messi alcanzó el hat-trick con una hermosa vaselina a la par que Bojan Krkić completaba su exhibición de generosidad con su tercera asistencia para La Pulga. En el 85, Pedro recibió en el área y se deshizo de un par de contrarios con un excelente gesto técnico y el balón acabó en gol. El canario había prometido no celebrar el gol y no lo hizo, pero, más que nada porque fue Luna quien introdujo la pelota en su propio arco.

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