Han pasado casi dos meses desde aquel 30 de octubre en el que durante el encuentro de ida de dieciseisavos de final de la Copa del Rey entre Real Unión y el Real Madrid el centrocampista blanco Rubén de la Red caía desplomado cuando apenas se llevaba disputado un cuarto de hora de juego. Lo que parecía sólo un susto ha desembocado en pruebas y más pruebas médicas al internacional que, por lo pronto, le van a dejar sin jugar esta temporada con la elástica del actual campeón y, lo más jodido, en el peor de los casos puede terminar también con su carrera como futbolista.
Del mostoleño, de 23 años, las últimas noticias que tenemos proceden de una entrevista a la web oficial de su club en la que el pasado 3 de diciembre explicaba cómo se sentía después del suceso en Irún: “Sé que estoy en buenas manos, yo me encuentro bien de ánimo, estoy tranquilo y por supuesto con muchas ganas de ayudar a mis compañeros. Pero hay que ser realista, asumo con calma la situación y en estos momentos la cuestión fundamental es no tener prisa”.
De la Red, que tras caer desplomado pasó la noche en observación y al día siguiente fue dado de alta, sufrió, según informaron tras el partido los médicos madridistas un “síncope agudo” o un simple “mareo” provocado por la presión y el esfuerzo del futbolista. Sin embargo, como en estos casos hay que ser más que nunca preventivo, a Rubén le tocado pasar una verbena de pruebas médicas que no va a concluir hasta que se sepa a ciencia cierta el por qué de su inesperado desvanecimiento.
Es una pena lo que le ha pasado a este pedazo de futbolista. Como él dijo hace poco, supo subirse al tren en su momento, pero se le truncó la carrera por una jugarreta del destino. Ahora vive con el drama de la incertidumbre porque nadie descubre qué problema tiene su corazón.