Hace tiempo que Andrés Iniesta ha dejado de ser una promesa de gran proyección para convertirse en una realidad. A pesar de sus extraordinarias cualidades no le ha sido precisamente fácil abrirse hueco entre tanta calidad que abunda en una plantilla de primer nivel como la del Barça. Frank Rijkaard se mostraba algo reacio años atrás a la hora de dar oportunidades desde el inicio al jugador albaceteño a pesar de las peticiones de la afición. Fue la grave lesión de Xavi a mediados de la campaña pasada lo que definitivamente le abriría las puertas de la titularidad de par en par, con resultados excelentes (recuerdo especialmente su actuación en las semifinales de Champions frente al Milán).
De todas formas a pesar de su juventud, Andrés lleva varios años dejándose ver por Can Barça, y es que su debut llegó de la mano de Louis Van Gaal en la temporada 2002/2003. Después se mantuvo dos años alternando Barça B y el primer equipo hasta dar el salto definitivo a la primera plantilla en la temporada 2004/2005. Ahora Iniesta con sólo 22 años se ha convertido en uno de los puntales de este Barça, además de un fijo en las convocatorias de la Selección. Su crecimiento año tras año está siendo notable.
Destacado por su gran técnica y verticalidad, hace gala de su capacidad para conducir el balón con gran velocidad aprovechando su calidad a la hora de driblar. Sabe asociarse con los jugadores de ataque además de nutrirles de pases de auténtico mediapunta. Se defiende a la hora de distribuir el juego desde la posición de ‘4′, aunque con el tiempo se ha demostrado que donde mejor rinde es estando cerca de la portería rival. No es un portento físico, aunque su fuerza no se corresponde con la de un jugador de su tamaño.