Schuster

La historia y las hemerotecas, sobre todo en el mundo del fútbol, están ahí para hacer uso de ellas, y para hacer justicia. Por encima de todo, esto último. Leía en la prensa hace pocos días, que en el vestuario blanco había pocos jugadores que conocían de la categoría como jugador de Bernardo Schuster (españolizamos su nombre porque ya lo hemos adoptado). No sólo eso, también se abundaba en la idea de que ninguno le había visto jugar (para eso están los vídeos). Del mismo modo, en una reciente entrevista en la radio, le pidieron a Schuster, que en dos o tres palabras, definiese a una serie de jugadores. Cuando llegó al nombre de Cesc, él dijo, hablo de memoria, “un Schuster moreno y joven”. El alemán hiló fino, y en cierta forma trató de acercar a las nuevas generaciones lo que él había sido en el fútbol. Ambas cosas me sorprenden, porque a día de hoy el valor de Schuster como jugador no tendría precio. De los más grandes jugadores que han pisado los campos españoles.

Me sorprende que la plantilla del Real Madrid, a diferencia de la del Getafe, no caigan en la cuenta de quien tienen al lado. En parte puede ser culpa de su renuncia voluntaria a jugar con la selección con 23 años y sólo 21 partidos internacionales, pero Matthaus bien puede agradecérselo. Pero eso es lo de menos, lo importante son los recuerdos. Corría un verano en Italia, 1980, se jugaba la Copa de Europa de selecciones, en el formato antiguo, cuando la fase final sólo la jugaban ocho países, y nada hacía presagiar el impacto que un jugador alemán de melena rubia, amplia zancada, que constantemente pedía el balón, jugaba en las dos áreas, y que hacía unos cambios de juego que dejaban a la parroquia con la boca abierta, hubiera llegado a pasar desapercibido a todos los niños que empezábamos a estar entusiasmados por el fútbol.

El impacto de Schuster en aquella Eurocopa de Italia 1980 fue brutal, y eso que no era titular. Los entendidos sí sabían quien era, hasta el FC Barcelona movió ficha para hacerse con sus servicios, llegando con el Colonia a la semifinal de la Copa de Europa de clubes aquel año, pero eso era para los mayores, no para unos niños que sólo se fijaban en el club de sus amores y en los campeonatos de selecciones. Por eso, con 8 años, se quedó grabado para siempre esa zancada y su trote, la melena rubia, cabeza alta, porque siempre iba con ella levantada, mirando a sus compañeros, buscando sus desmarques, haciendo todo eso que hoy en día es casi imposible de ver.

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