Hubo un momento no hace demasiado que parecía indiscutible que Fabio Capello no seguiría el año que viene en el Real Madrid. Incluso ya sonaban algunos sustitutos, con más fuerza el nombre de Schuster. Además el técnico alemán se dejaba querer, y mucho.
Sin embargo el arreón de los jugadores basado en casta y el estado anímico, que ha provocado que el conjunto merengue se enganche a la Liga y la pelee de tú a tú con el FC Barcelona, ha vuelto a subir a muchos al carro de Capello.
No sé vosotros, pero durante los últimos días no he parado de escuchar a periodistas de diferentes medios afirmar que el año que viene hay que seguir apostando por Capello, porque este equipo cada vez está más formado, y se parece más a la pasada Juventus del italiano. No pasaría nada si no fuera porque son esos mismos que hace un par de meses pedían la cabeza del italiano sí o sí. Ahora vuelven a sacar a relucir que es un técnico ganador, y nos remiten a su abultado palmarés para intentar convencernos de algo que no tiene que ver con títulos.
Nadie duda del historial de Capello, todos somos conscientes de que apostando por él se apuesta por títulos. Pero en el fútbol también cuenta de qué forma se consiguen. El madridismo lleva sin saborear un título tres años, y por ello este año quieren la Liga sin importar cómo se juegue. Por ello se fichó a Capello. No se fichaba buen juego y diversión, sino resultados. Es evidente que el Madrid ha mejorado, pero su fútbol sigue sin enamorar. Sus victorias no están cimentadas en el buen fútbol, sino en un conjunto de emociones, en un estado de ánimo.
El mayor mérito de este final de Liga del Madrid no es tanto de Capello, sino de unos jugadores que se han sentido menospreciados (sobre todo desde los altos cargos del club) y ahora quieren resarcirse, dar un puñetazo encima de la mesa y demostrar de lo que son capaces.
Las críticas que les han llegado de todas direcciones les han servido para unirse más que nunca. Sólo hay que ver las celebraciones en los goles del otro día al Sevilla. Robinho y Guti fuera de sí, Beckham enloquecido trepando por un mástil, y Casillas recorriéndose todo el campo para unirse a sus compañeros. Están unidos para la causa, y sacan los partidos adelante por casta, corazón, pegada, convencimiento, confianza, rabia y ganas.


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