
En un partido malo, aburrido, sin emoción ni incentivo alguno, el Real Madrid ha vuelto a ampliar la ventaja sobre el Barcelona a nueve puntos. Mucho tiempo se lleva diciendo que la Liga está decidida, pero esta vez parece bastante claro. Porque aunque antes fuese la misma ventaja, ahora quedan menos jornadas, y se antoja muy difícil y poco probable que el título se le escape a los blancos.
La solvencia madridista contrasta con la debilidad culé, que ayer en Huelva sembraron la semilla de la indecisión. Con la victoria de los blancos hoy, la duda de apostar únicamente por la Champions cobra más fuerza, y seguramente amenace con asentarse. No sería una mala decisión. Al menos, sería razonable, seria, realista.
Pero vayamos al partido. A priori no existía mucha atención sobre el mismo. El líder recibe al penúltimo de la tabla con el autobús en la sombra y la Liga en la luz. Sin embargo, una malísima actuación del colegiado y una expulsión (justa para mí), han animado mínimamente el encuentro. Y digo mínimamente porque hasta el minuto 44 no se ha producido el primer disparo a puerta. Un bagaje que se ha traducido en aburrimiento, pasotismo y desinterés de la grada.
Los dos equipos tenían muy claros sus objetivos: uno atacar y otro defender. Las ideas de Clemente son válidas, pero no parece que sean eficaces para sacar al Murcia del pozo, y mucho menos para conseguir puntuar en el Bernabéu. Mediada la primera parte, una expulsión justa de Miguel Torres dejaba a los madridistas con diez y a los rivales con esperanza. Los blancos no encontraban las cosquillas, y su rival no se debilitaba. Sólo alguna contra peligrosa inquietaba a Pepe y compañía, aunque el portugués, pese al poco trabajo que ha tenido, debería haber sido expulsado.
Robinho estaba desaparecido, Raúl no es el mismo como delantero centro y Robben lo intentaba sin éxito. Sólo Guti conseguía hacer algo diferente, como siempre. Envuelto en una atmósfera de zozobra llegaba el partido al descanso, aunque éste no aportaría nada nuevo a lo que vendría después.
La segunda mitad fue más de lo mismo. Una barrera de jugadores que salen al campo contando con la derrota segura y otros que buscan el gol de la Liga vencida. Al final, la ambición pudo al conformismo y un error de la poblada y, eso sí, organizada defensa, provocó el tanto de Sneijder (buen partido el del holandés), el fin del partido… y de la historia.
Muchas jornadas de inquietud blanca, de esperanza culé y de incertidumbre de campeón. Pero todo eso ya acabó. Unos esperan acabar la temporada ganando la Liga cuanto antes y otros salvarla en Europa.



Comentarios
Es imposible que juegue bien un equipo si en ese partido el otro equipo solo piensa en defender.
Si ni siquiera jugando el Murcia con un jugador más atacó, permitiendo que el Madrid se permitiese el lujazo de jugar sin lateral derecho.