Nublado en Santander

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Escribir sobre el Racing es cada día más difícil. Quisiera centrarme en lo puramente deportivo, hablar de posibles fichajes ilusionantes, de la dificultad del cambio de categoría o de las posibilidades de ascenso del equipo, pero la realidad deportiva del club hoy en día parece sujeta y dependiente de la realidad administrativa y social en la que está envuelto el equipo santanderino, y en el lugar en el que tendría que asumir protagonismo el entrenador y los jugadores ocupan titulares, desde hace tiempo, una serie de mandatarios que han llevado al Racing de Santander a una situación de riesgo y deriva no ya por el descenso a segunda división, circunstancia a la que un equipo como el montañés no le resulta nueva ni sorprendente, sino por la forma en la que el club está gestionado, por llamarlo de alguna manera, llevado por el desorden en todos los ámbitos: deportivo, económico y social.

Ser racinguista es saber que difícilmente se lograrán esos éxitos que llevan a un equipo a la gloria y a ocupar portadas semana tras semana, pero no por ello las gestas son menores ni los triunfos menos celebrados. Es por ello que en El Sardinero se recuerdan como si fuesen títulos aquella promoción de ascenso a primera en la temporada 92/93 ante el Espanyol, el magnífico año del equipo de Irureta, el inolvidable 5-0 al Barcelona de Cruyff, los años de sufrimiento hasta el último suspiro con final feliz gracias a un grande del racinguismo como Nando Yosu, el ascenso a primera en 2002 con Setién en el banquillo o la histórica clasificación para la Copa de la UEFA que inexplicablemente debemos a los mismos que han sumido al club en la desagradable situación actual.

Por Santander no han pasado Balones de oro ni FIFA World Players, no al menos vistiendo la camiseta del Racing aunque hayamos tenido el orgullo de ver a unos cuantos pisando el verde de El Sardinero y, esperemos, se vuelvan a ver, pero se recuerdan con igual admiración nombres como los de Ceballos, Radchenko, Popov, Zygmantovich, Merino, Pablo Alfaro, Esteban Torre, Luis Fernández, Mutiu, Jaime, Correa, Arzeno, Benayoun, Moratón, Javi Guerrero, Colsa, Salva, Víctor, Amavisca, Aouate, Pinillos, Munitis (representante de una cantera que nunca ha dejado de dar jugadores), Tchité, Zigic y muchos otros cuya lista me daría para un par de post más. Son tantos nombres y tantos partidos con cada uno de ellos asociados a recuerdos, como escuchar por la radio la noticia del ascenso o ver a un amigo, santanderino y barcelonista, sin saber muy bien si llevar en su día una camiseta conmemorativa de aquel 5-0, que es por ello que duele aún más ver en qué se ha convertido la entidad verdiblanca.

Es difícil de explicar cómo un equipo como el Racing, que hace nada vivía los mejores momentos de su historia (obviando aquella temporada 30/31 en la que no se ganó la liga por un punto) con el mayor número de temporadas consecutivas en primera, clasificado para competiciones europeas por vez primera o llegando dos veces a semifinales de Copa del Rey, se haya visto en tan corto espacio de tiempo en esta situación tan delicada, teniendo en cuenta además el preocupante escenario económico cuando han tenido lugar en los últimos años ventas tan jugosas como las de Zigic, Marcano o Garay (no puedo contar la de Canales ya que no se le renovó a tiempo y prácticamente hubo que regalarlo al Real Madrid, que decidió pagar una cifra cuando podría no haberlo hecho).

Sin duda el Racing ha sido uno de los clubes de la élite (entendida como los que juegan o han jugado recientemente en la máxima categoría) que se han visto más afectados en los últimos años por la llegada de las Sociedades Anónimas al fútbol español, en las que personajes de incierta credibilidad y dudosas intenciones se han hecho con el control de clubes históricos. En Santander, además, el circo ha sido máximo, con la llegada de presuntos empresarios de éxito que iban a llevar al club a las más altas cotas y después han desaparecido del mapa envueltos en incontables polémicas.

Este año, dentro de todo lo negativo ocurrido en el club, la situación no tendría por qué pintar tan mal: el Racing es el segundo club con mayor presupuesto de la categoría de plata con 14 millones de euros y uno de los equipos con más nombre de la Liga Adelante: bien lo saben en Marca TV, que ha televisado ya unos cuantos partidos del club montañés. Una situación que ya gustaría a otros clubes emblemáticos del fútbol español como el Oviedo que viven días muy difíciles. Sin embargo, el esperpento no ha cesado y a pocos días del inicio de la temporada tuvo lugar un cambio de entrenador por cuestiones contractuales (había sido contratado Unzué, con escasa experiencia en los banquillos y de quien se dijo que había llegado al club por amiguismos), y ahora el equipo deambula por la segunda división, a dos puntos del descenso con malos resultados y un equipo especulativo que no juega a nada protagonista de partidos infumables.

La preocupación crece paulatinamente entre la afición racinguista y ya desde hace tiempo se recuerdan en Cantabria los casos del Teka y el Cantabria Lobos: el primero llegó a ser el mejor equipo de balonmano de Europa y el segundo un digno club de baloncesto que llegó a militar en la ACB. Ninguno de ellos existe ya, y la preocupación de que en el Racing suceda lo mismo es evidente. Y todo ello a pocos meses de que el club cumpla nada menos que cien años de historia en lo que tendría que ser una fiesta para el racinguismo.

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