
Conocí a un chaval de once años que un 9 de julio de 1994 lloró frustrado, incapaz de comprender cómo jugando tan bien España se había quedado en cuartos, impotente al contemplar a Luis Enrique sangrar mientras el húngaro canalla Sandor Puhl no soplaba su silbato, dando impunidad a Tassoti y su repudiable codo. Ese chaval quería haber estado en Boston, quería haber sido Abelardo para hacer lo imposible y llegar al remate cruzado de Roberto Baggio, o Julio Salinas para ajusticiar con toda su furia a Pagliuca o cualquier otro jugador español que pudiera haber cambiado el primer trago amargo que le brindó el deporte que venera.
Aquel partido le dejó marcado para siempre porque con el tiempo le sirvió para entender que España por h o por b en el momento decisivo se acaba difuminando, algunas veces, como aquella, de forma extremadamente cruel, otras de manera incluso ridícula. Ahora aquel crío es mayor y ya no se ilusiona con la selección, sabedor de que es una fábrica de humos y sueños sin consistencia. Sin embargo, la vida le ha brindado una bella oportunidad paras saldar una cuenta con el pasado. El cruce con Italia en cuartos es una chinita en el zapato que anhela quitarse y por eso, contra su pesimismo habitual, cree en la venganza, porque las grandes venganzas siempre se sirven en plato frío y ya han pasado 14 años de todo aquello.
No vale usar la palabra respeto, no vale decir que Italia siempre es Italia, que tiene mayor oficio y entidad, que atesora inercia ganadora… Lo único permitido es pensar como aquel chaval que ahora es hombre y clama venganza en 90 minutos en los que España de una vez por todas debe borrar del mapa su clásico pavor en los cuartos y comerse al que tiene en frente. Es un partido para grandes futbolistas y los grandes futbolistas demuestran tal condición en choques de este tipo, sacando el pecho y fustigando sin piedad, impertérritos, creyendo fírmemente en la victoria.
En 2008, como en 1994, todavía hay muchos chavales de once años que mantienen la ilusión. Por ellos hay que ganar o ganar, son las dos únicas opciones que tienen los de Luis Aragonés. Tengo relativa fe en el triunfo porque el destino es caprichoso y nos ha brindado una oportunidad que muchos esperábamos: vengarnos del catenaccio que tanto daño nos hizo en aquel Mundial en el que nos llegamos a creer que podíamos hacer algo grande. Nos tienen que sacar la espina.


Comentarios
Yo también me llevé una gran desilusión con un partido de cuartos, el del mundial de Corea concretamente.
No entendía como podíamos caer de esa manera tan cruel e injusta y al final del partido lloré de rabia e impotencia como el niño que era, con tan solo 12 años.
Espero que nos puedan devolver la ilusión robada.
Del mundial de EEUU tengo el primer recuerdo de un gran campeonato, y ese codazo de tasoti cuando tienes 8 años te marca y te enfurece con los italianos y su juego sucio. Mañana me gustaria ganar en el ultimo minuto y de penalti totalmente injusto para que sepan los italianos lo que es que te jodan.
Pues si yo tenia 11 años en aquel mundial y recuerdo la rabia contenida y la frustracion de ver como roberto baggio nos arrebataba la ilusión despues de que salinas fallara lo infallable, para que en el arreón final de españa tassoti le rompiera la nariz dentro del área a luis enrique con los arbitros haciéndose los longuis…
En corea a mi también me dio coraje el favoritismo arbitral que fue escandaloso, cada vez que nos acercabamos al área pitaban "peligro"… con faltas en ataque…
en fin… a ver que pasa hoy
Es que el partido contra Corea es el mayor robo de la historia del futbol, hasta la fifa tuvo q disculparse por aquello, como en unos cuartos de final de un mundial ponen a pitar a un egipcio, a uno de trinidad y tobago y el otro ni me acuerdo. Y encima nos hicieron madrugar ese dia.
Lo más curioso, por decirlo finamente, es que a Italia se le está permitiendo el juego sucio en todas las competiciones de equipo desde hace 50 años.
Y nadie hace nada.
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