Cesc, el punch y la dureza de la Champions

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Los palos vienen siempre bien al principio. El Sevilla volvía a jugar la máxima competición continental cincuenta años después y el Arsenal le ha echado al suelo con una severa goleada. Algunos dirán que los nervionenses tuvieron mala suerte. Y es verdad. Pero también lo es que en los puntos clave el equipo hispalense no se impuso a su rival. Y especifico cuando hablo de puntos clave. En ningún momento, Poulsen pudo con un enorme Cesc, partidazo del catalán. La contundencia arriba del Arsenal fue la que le faltó a los andaluces. Y para colmo el planteamiento técnico de Juande quizás no fue todo lo acertado de lo que debía. Salir al Emirates con un doble pivote tan poco creativo como el que forman Poulsen y Martí es cuanto menos una temeridad. Que Keita y Renato vieran el partido desde el banquillo no ayudó mucho. De hecho, cuando ambos salieron al terreno de juego fue cuando el Sevilla fue el Sevilla. A esto hay que añadirle el desgraciado primer gol… Todo eso desemboca en una dura derrota que debe de servir para el futuro.

Esto es la Champions, sin duda. Aquí no se perdonan errores. Aquí no se puede levantar los brazos en ningún momento. Aquí no se puede tener un día malo. El Sevilla no tuvo su noche. No comenzó mal, ésa es la realidad. El Arsenal de hecho estaba sufriendo en los primeros compases, pero un disparo lejano de Cesc desviado de forma involuntaria por Escudé acabó en gol y a partir de ahí cambió la película. El catalán del Arsenal comenzó con su recital, bajando abajo a comenzar a construir, haciendo lo que le daba la gana ante un Sevilla tocado en lo anímico y que abusaba de balones largos, con un Luis Fabiano perdido y con un Kanouté sin la chispa del gol en esos momentos claves donde en esta competición con máxima exigencia nunca se puede fallar.

En el descanso erró Juande, porque aunque cambió a Kerzhakov por Luis Fabiano, sustitución que se veía a leguas, en el medio centro era necesario mover las fichas, sacar músculo con Keita, porque en esa faceta del juego los londinenses se imponían de largo, e imaginación con Renato. Juande no movió ficha hasta que Van Persie hizo el 2-0 en otro error de concentración de la zaga. A fallo por gol, así se desarrollaba el encuentro para los hispalenses, de forma cruel, sí, pero eso es lo que tiene la Liga de Campeones.

Con la entrada de Keita y Renato mejoró el equipo muchísimo. Por fin el Sevilla se echó arriba sin complejos, aunque le seguía faltando el punch. Kanouté, con muchas ganas, no tenía su día. A Daniel tampoco le salía nada. Ahora sí que había juego pero el 2-0 nublaba la vista a los visitantes. Y en esas llegó el tercero, otro error clamoroso atrás, esta vez de Fazio, que aún así fue de los mejores. Da Silva certificó el tremendo castigo.

El Sevilla fue víctima de sus errores en muchos casos. Fue también víctima del partidazo de Cesc, que no fue parado en ningún momento. Fue víctima de la fortaleza de los laterales locales que secaron a los extremos españoles. Fue víctima de su inexperiencia. Pero tampoco hay que dramatizar. Este equipo está capacitado para dar alegrías en esta competición. Hoy no estuvo fino. Hoy tuvo también la suerte en su contra. Pero los palos, los tropezones, si son al principio del camino nunca vienen mal.

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