Las noticias que llegan acerca de cómo están marchando los preparativos en el país que albergará el próximo Mundial del 2010 son poco alentadores, sobre todo para aquellos que como yo están cansados de que se asocie siempre al continente africano con la corrupción, las luchas intestinas por el control de materias primas o piedras preciosas y, en definitiva, de la poca esperanza sobre la capacidad organizativa de un país del continente negro.
Sudáfrica se está encontrando con importantes reveses en su andadura hacia la Copa del Mundo. Cuando faltan ya 500 días para el inicio, los costes del evento han ascendido a los 9 billones de euros, cuatro veces más de los costes que se habían estimado a causa de la subida de los costes y la creciente debilidad de la mondeda sudafricana que ha hecho más cara la importación de cemento, acero y otro material imprescindible. Con ese dinero ya gastado, los cuatro estadios que deberían haberse acabado en diciembre del año pasado están a medias y los otros seis aún están más rezagados.
El fantasma real de la corrupción también ha aparecido, y juntándose de forma trágica con otro de los grandes problemas de Sudáfrica, el crimen: Jimmy Mohala, un miembro del comité sudafricano que había destapado una trama de corrupción en torno a la construcción de un estadio, fue asesinado hace unas semanas en su propia casa por un par de hombres enmascarados.
Con este panorama y la crisis económica y financiera acechando, no parece precisamente un camino de rosas lo que le espera a Sudáfrica hasta el partido inaugural del mayor evento futbolístico y desde luego el mayor evento deportivo de la historia del continente. La inquietud crece en algunos sectores mientras la organización y el mismo Blatter hacen llegar un mensaje de confianza: “Tenemos que confiar en la capacidad africana para organizar la competición. La confianza les dará seguridad y si la tienen, serán mejor en el futuro. No sólo como futbolistas, sino como organizadores”.
La última preocupación de los organizadores ha trascendido hoy, y es que se registre una buena afluencia de público al evento. En este sentido, los organizadores han hecho un llamamiento a los aficionados sudafricanos para que compren lo antes posible las entradas, que se pondrán a la venta el próximo mes y que supone todo un cambio de costumbres en un país donde el aficionado a los deportes no está acostumbrado a planear con tanta antelación su asistencia a las competiciones.
Las previsiones más agoreras hablan de que la FIFA ya tendría preparado su plan B en caso de que la situación se volviera tan negra que hubiera que cancelar el evento de Sudáfrica. No sería la primera vez, ya que la FIFA ya le retiró a Colombia la organización del Mundial de 1986 para dársela a México. Esperemos que no sea así: la organización de un evento de este tipo es un foco de problemas, pero también abre la esperanza de algo que estimule la economía, dinamice el turismo y deje buenas infraestructuras en un continente cuyo fútbol y sus futbolistas cada vez son más atractivos.
Foto | Niños sudafricanos sentados al lado del nuevo estadio en contrucción de Nelspruit. Alexander Joe /AFP/ Getty Images



Comentarios
Si hacer una inversión tan brutal en infraestructuras de uso limitado (no son ni hospitales, ni carreteras, ni escuelas, por ejemplo) plantea dudas éticas en un país desarrollado, en un país como Sudáfrica, que pese a ser de los más avanzados del África Negra tiene altas tasas de pobreza, plantea algo más.
Además no estoy tan seguro de que el gasto que van a hacer los visitantes vaya a llegar a manos de la población en una proporción estimable. Los propios gobiernos y la FIFA deberían pensarlo dos veces antes de hacer este tipo de "encargos" a según que países.
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