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Cuando de una semifinal de la Champions se trata, es de esperar que la emoción sea una de las tónicas dominantes del partido. Pero en pocos encuentros como el de ayer entre Chelsea y Liverpool se pudieron vivir tantas en 120 minutos. Al margen de emoción puramente futbolística, debida la incertidumbre del resultado hasta el final, las diferentes situaciones personales que rodeaban a algunos de los protagonistas del encuentro pusieron el toque emotivo al partido y diferentes imágenes que pasarán a la historia de esta competición.
El primer protagonista es un hombre que, como seguramente a todo, puso precio a la emoción. Muchos millones se ha dejado Roman Abramovich durante el largo camino que ha llevado al Chelsea por primera vez a una final de la Copa de Europa. Y ha tenido que ser precisamente el año en que decidió guardarse parcialmente la billetera, y deshacerse del hombre al que había confiado tamaña misión desde hacía años. El frágil binomio Abramovich-Mourinho se rompió a principios de temporada y su puesto lo ocupó un desconocido técnico israelí llamado Avram Grant.
Abramovich-Avram era la nueva sociedad. El veterano entrenador lleva el nombre de uno de los patriarcas de su pueblo y que significa “padre-dirigente de muchos”. Ayer condujo a los suyos a través del puente de Stanford derechos a la final de Moscú. Al finalizar el partido se arrodillaba en el césped, imagen nada habitual en un entrenador anciano y poco dado a expresar sus emociones, pero en la rueda de prensa posterior al partido se desahogó ante los medios. Explicó que en el Primero de Mayo en Israel es el día del holocausto, donde se recuerda aquella abominable página de la historia de la humanidad. “Mi padre es superviviente del Holocausto. Los nazis mataron a su padre, a su madre y a sus hermanas y después le obligaron a cavar sus tumbas. Fue un día como hoy”. Explicó Grant tras el partido que lo ha metido en la historia del club de Stanford Bridge, por encima de las críticas de prensa y afición blue.
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