
Lo que ocurrió esta noche a partir del minuto 120 de la prórroga de los cuartos de final entre Ghana y Uruguay es una de esas historias protagonizada por un elenco de actores del que no puedes destacar a un protagonista principal. Lo que ocurrió esta noche en el Soccer City fue una tragicomedia en la que cada personaje jugó un papel crucial, así que, con vuestro permiso y el de la tradición, no destacaré sólo a uno, sino que intentaré crear un collage. Antes de nada, no os perdáis la narración de los hechos de mi compañero Dani Iglesias, con mucho lo mejor que he leído al respecto esta noche. Aprovechando que él ya nos ha introducido en la historia, yo me centraré en la acción y la pasión de los hombres cuya vida hoy ha cambiado.
Luis Suárez tuvo que tomar una decisión tan rápida que en ella no hay nada de racional, sino que es instinto puro. Meter la mano o no es prácticamente una cuestión genética. Es lógico que se alabe el sacrificio de Suárez, pues con su gesto ha hipotecado su participación en una histórica semifinal por el bien común. Pero, sin pretender psicoanalizar a nadie, no sé hasta qué punto el jugador del Ajax actúo en consecuencia; como digo, creo que fue una cuestión de instinto. Salvó el gol metiendo sus manos: penalti y expulsión. Suárez abandonó el campo tapando con la camiseta unas lágrimas que posiblemente llegaron a mojar el escudo.


