No pasa campeonato de fútbol desde que yo recuerde, en el que el balón oficial se libre de algunas críticas en un principio, sobre todo por parte de los porteros. Y no me extraña; hace ya tiempo que asociaciones como la UEFA o la FIFA intentan dar una pequeña vuelta de tuerca más a su intento por facilitar la tarea a los delanteros. Principalmente, reglamentariamente: estar en línea dejó de ser fuera de juego, se prohibió que el portero recogiese con las manos el balón tras el pase de un defensa, se limitó el tiempo que el guardameta disponía para sacar, se instó a los árbitros para que no señalasen el fuera de juego en caso de duda y no al revés, junto con otras reglas de nuevo cuño que iban hacia el mismo sentido.
En lo logístico y tecnológico, las apuestas por aumentar el casillero de goles como indicador estadístico del buen fútbol tuvo su objeto diana en el balón, cada vez más ligero, con menos resistencia al aire para permitir trayectorias aéreas más imprevisibles para los guardametas. Por ello leer o escuchar las críticas de los porteros hacia el esférico antes de un campeonato importante se ha convertido en algo tan clásico como los “extras” de los diarios deportivos. El Europass diseñado por Adidas para la ocasión no ha sido excepción.
Cancerberos como Van der Sar, Lehmann o el italiano Amelia ya han criticado públicamente las extrañas trayectorias y el vuelo errático de este balón. La marca fabricante reconoce esta característica en su pomposa descripción, aunque también asegura que para el portero también facilita su agarre. Parece que muchos no piensan lo mismo, no sólo por las opiniones vertidas por algunos porteros, sino por lo que he podido ver en algunos partidos de preparación.






