
Dio igual que los dos centrales titulares estuvieran lesionados. Dio igual que Adriano y Puerta se cayeran a última hora. Dio igual que la estrella esté con pie y medio fuera del equipo. Sí, hay vida después de Daniel. Con esta máquina perfectamente engrasada diseñada por Juande Ramos todos los handicaps son superables. Y ayer se volvió a demostrar. Aunque el comienzo no fue bueno, quizás con un Maresca demasiado atascado, un par de cambios, Renato y Keita a escena, sirvieron para que todas las piezas encajaran.
Y entonces comenzó a avanzar la apisonadora. A paso firme, sin dudas. Con un Navas que volvió a ser el de antes, el de sus mejores tiempos. Mientras que el de Los Palacios apuñalaba por la derecha, el joven Capel lo hacía por la izquierda, volviendo locos a los griegos. Las embestidas eran cada vez mayores y los goles de Luis Fabiano y Kanouté, tras un jugadón tremendo de Navas, no hicieron más que confirmar en el marcador la tremenda superioridad nervionense.



