El Real Oviedo se llevó el derbi ante una afición de Primera
Mientras la afición sportinguista abandonaba todavía el estadio de ‘El Molinón’ pensando en la Panenka de Diego Castro, a escasos 30 kilómetros de allí estaba a punto de comenzar el choque que enfrentaba a su equipo filial con el Real Oviedo. Un partido que responde más a la casualidad de ver como un equipo histórico va escalando poco a poco hasta el lugar que por su historia le corresponde, que a otra cosa.
Sin embargo, no deja de ser un derbi y la afición demostró su apoyo congregando en el Carlos Tartiere a más de 17.000 espectadores. Todos ellos para asistir a un choque de Segunda B. Si consultamos la asistencia a los campos de Primera División durante este fin de semana, observamos que en cinco de ellos (José Zorrilla, Chapín, El Madrigal, El Sardinero y el Coliseum Alfonso Perez) estuvo por debajo de la del Tartiere.
No hace tanto que la parroquia del Atlético gritaba a Reyes ¡vikingo!, tachándole de indigno. Cierto es que existían razones para el descontento de los aficionados colchoneros con el rendimiento del atacante utrerano. Además, su estancia en el Manzanares estaba condicionada por su reciente paso por el Real Madrid, al que regaló un Campeonato de Liga con sus goles. El producto: un crack de escasa reputación para los atléticos. No tardaron en aparecer los efectos de las heridas provocadas —en su presentación nada menos— y, convencidos de lo difícil de su recuperación, los hinchas encontraron argumentos para señalar al sevillano como traidor.
Cuando el seguidor deja de seguir, diga usted que muy mal anda la cosa. Es más, diga que peor va cuando el seguidor olvida cuánto le costó la entrada o el abono, y, sin más crisis que la de la fe, toma hacia abajo las mismas escaleras que apenas una hora antes subió un tanto ilusionado. Pero claro, no crean que siempre lleva razón aquél que sube para bajar antes de tiempo, que la paciencia en el fútbol dura unos tres silbidos y medio. A veces, la idea es no pillar atasco, y justo hay quien se apresura a bajar, aunque para entonces se haga, como la luz, la victoria. Mas no hablamos de esos casos. 



