
Leo en un medio asturiano que la nueva equipación del Sporting de Gijón fue recibida con división de opiniones, pero yo todavía no he encontrado a ningún seguidor sportinguista al que le guste la nueva camiseta de Kappa. Una camiseta que fue presentada hoy viernes, en El Molinón, ante una gran expectación y junto al resto de las equipaciones. Cuando los jugadores saltaron al terreno de juego con ella, la grada la recibió entre abucheos.
Los motivos son obvios. No vamos a entrar en si la camiseta, objetivamente, es preciosa, bonita, fea u horrenda. No vamos a entrar en ese debate porque no es necesario. Esta camiseta queda sentenciada desde un primer momento porque simplemente no representa al Sporting de Gijón. Va contra 106 años de tradición. El Sporting, que es el club español que más años lleva vistiendo camiseta rojiblanca, ha pasado a ser blanquirrojo. Vista de lejos, prácticamente no se diferencian las finísimas rayas rojas para pasar a ser un uniforme similar al del Real Zaragoza.

No hace tanto que la parroquia del Atlético gritaba a Reyes ¡vikingo!, tachándole de indigno. Cierto es que existían razones para el descontento de los aficionados colchoneros con el rendimiento del atacante utrerano. Además, su estancia en el Manzanares estaba condicionada por su reciente paso por el Real Madrid, al que regaló un Campeonato de Liga con sus goles. El producto: un crack de escasa reputación para los atléticos. No tardaron en aparecer los efectos de las heridas provocadas —en su presentación nada menos— y, convencidos de lo difícil de su recuperación, los hinchas encontraron argumentos para señalar al sevillano como traidor.
Cuando el seguidor deja de seguir, diga usted que muy mal anda la cosa. Es más, diga que peor va cuando el seguidor olvida cuánto le costó la entrada o el abono, y, sin más crisis que la de la fe, toma hacia abajo las mismas escaleras que apenas una hora antes subió un tanto ilusionado. Pero claro, no crean que siempre lleva razón aquél que sube para bajar antes de tiempo, que la paciencia en el fútbol dura unos tres silbidos y medio. A veces, la idea es no pillar atasco, y justo hay quien se apresura a bajar, aunque para entonces se haga, como la luz, la victoria. Mas no hablamos de esos casos. 


