
Arsenal. Arsenal. Arsenal. Es sin duda el equipo de moda al otro lado del charco. Todo parte de Sarandí. Todo parte de una ciudad de apenas 60.000 personas, en el partido de Avellaneda, en un lugar donde fútbol equivale a Racing e Independiente. La historia de este singular equipo creado hace cincuenta años por el actual presidente de la AFA, Julio Grondona, ya la hemos contado en varias ocasiones. Es curiosa, en cierto modo inverosímil, como su actual trayectoria deportiva. Hace diez años luchaba por salvarse de la quema de Tercera y este pasado viernes silenciaba a las cien mil personas que poblaban el estadio Azteca en la primera final a doble partido de la Sudamericana.
A veces la dimensión de lo real sobrepasa la lógica e incluso roza lo onírico. Arsenal es el mejor ejemplo de ello. Gustavo Alfaro es uno de los principales responsables. Es un entrenador joven, con ideas claras, con un estilo definido, siempre con la defensa de cuatro y un centro del campo con muchos efectivos. Es meticuloso, intenso, un ganador que ya firmó con otro conjunto chico, Quimes, unas páginas excelsas. Lo de Arsenal, como lo de Lanús, es algo que se veía venir, porque en los últimos años su ascensión es incontestable. En la anterior campaña sorprendió a todos con su clasificación para las copas. Pero lo que nadie esperaba, sin duda, es que en la Sudamericana los del Viaducto llegaran hasta la final.



