El Huracán explosivo y lúcido, brillante como pocos onces en la historia del fútbol, que Menotti forjó en la primera mitad de los años 70, dejó la impronta de equipo de gusto y excelencia a los de Parque Patricios. Sin embargo, la realidad siempre fue diferente en las últimas décadas, Huracán ha estado más cerca de los bajos fondos de la tabla que de la punta, de hecho incluso ha convivido con los descensos y la b de forma habitual para decepción de sus hinchas. Pese a todo esa negativa trayectoria y al pesimismo histórico que suele infundir la misma, lo cierto y verdad es que el Globo en este Clausura está embaucando con su fútbol, siendo Ángel Cappa uno de los principales protagonistas del cambio experimentado en los quemeros.
Ya sabemos el estilo de Cappa, es entrenador pero también filósofo y tal como habla pretende que jueguen sus equipos. Su carrera profesional ha tenido buenos y malos momentos, el dúo con Valdano en Tenerife y Madrid, el subcampeonato logrado con Racing a finales de los 90 o el Apertura 2002 logrado en Perú con el Universitario Deportes, que cuajó un juego maravilloso, son sus principales luces. Sombras también hay, claro que sí, pero ahora el bueno de Ángel está recreando en el Tomás Ducó aquel juego primoroso que más de treinta años atrás embelesó a todos los argentinos.



