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Anoeta

Zubieta alimenta el liderato de la Real Sociedad

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En San Sebastián ha amanecido con más claros que de costumbre. Ayer, el anticiclón que merodeó por Anoeta permite a los de Martín Lasarte ver a todos sus rivales desde lo más alto, con la cima completamente despejada. La Real Sociedad alcanzó el liderato tras una completa tarde de fútbol, la mejor de la temporada y de hace mucho tiempo según las sabias voces con raíces en el estadio txuri urdin. El Salamanca escogió un mal día para intentar remontar el vuelo, ya que delante tuvo un equipo pleno de confianza y alimentado casi por completo de jugadores procedentes de Zubieta.

La lesión de Gorka Elustondo impidió que el once inicial de Lasarte fuera 100% txuri urdin. El ciudadrealeño Diego Rivas sustituyó al centrocampista de Beasain, conduciendo no obstante al equipo de manera satisfactoria hacia la tercera victoria consecutiva, la que les permitió asentarse en el liderato. La fidelidad y el compromiso por este proyecto realista permite a los donostiarras confiar en que el equipo puede volver a creer.

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Una reflexión sobre los estadios españoles

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Vicente Calderón

Decir que un Club es su estadio puede sonar demasiado sentencioso, aunque no por ello creo que sea menos cierto. Si entendemos a un equipo de fútbol como un punto de unión sentimental de miles, cientos de miles o millones de hinchas, identificados con unos colores y un escudo, con una forma de entender el deporte, con una vía de escape para obtener pequeños instantes de felicidad a cambio de eterna lealtad… Si entendemos, en definitiva, a un equipo de fútbol como un símbolo de pertenencia, es obvio, que los estadios de los clubes acaban moldeando la idiosincrasia de esos equipos y sus gentes, que no sólo se sienten representadas por el escudo, sino por el campo donde sufren y disfrutan, por el barrio donde preparan encuentros y celebran triunfos.

Hay equipos que no son nada sin sus barrios, conjuntos, como por ejemplo, San Lorenzo en Argentina, que, casi 30 años después de haber sido echado de Boedo, todavía siguen identificándose con su lugar de procedencia. En España tenemos el caso significativo del Espanyol, totalmente ligado a Sarría y ahora con una cierta sensación de desamparo, esperemos que aliviada con la mudanza a su nuevo estadio. Pero no es el único ejemplo. Es triste ver como en nuestro país se está extendiendo la mala costumbre de sacar los campos de las ciudades y llevarlos a las afueras. El Insular de Las Palmas, el Luis Sitjar de Mallorca, el Colombino de Huelva… Hay una clara tendencia de aislar el fútbol en las periferias y aprovechar los céntricos terrenos de esos vetustos estadios para conseguir recalificaciones millonarias. Y eso da pena.

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Distintas varas de medir (IV): ese Comité de Competición...

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Lillo en el suelo

Me gustaría saber cuál es el criterio que sigue el Comité de Competición. Hace tiempo llegué a la conclusión de que sus miembros a la hora de castigar medían la consecuencia y no la acción en sí. Este fin de semana he tenido una nueva muestra de ello. Resulta que en Anoeta un seguidor de la Real Sociedad le abre una brecha a Lillo tras lanzar un botellazo. La suerte que tuvo el técnico del equipo donostiarra es que el impacto no se produjo en la cabeza. Teniendo en cuenta el antecedente de hace dos años en el Manuel Ruiz de Lopera, cuando un botellazo dio y tumbó a Juande Ramos, o el de hace un año cuando una botella fue a parar a la cabeza de Armando, que también cayó al piso, lo lógico era pensar en un cierre de Anoeta, tal y como ocurrió con el Ruiz de Lopera en las dos anteriores ocasiones reseñadas.

Pero no, el Comité de nuevo ha vuelto a dejar claro lo arbitrario de su criterio, castigando los hechos del domingo con una simple multa de 1.000 euros. No me malinterprete el seguidor de la Real Sociedad, equipo de Primera que tiene que volver cuanto antes a la máxima categoría, no es que quiera que se cierra Anoeta porque sí, porque de hecho no soy partidario de que se cierren estadios, ya que no es de recibo que paguen justos por un pecador. Sin embargo, no entiendo, de verdad que no entiendo, que se cierren unos campos y otros no. Quizás Competición entienda que el hecho de que Lillo no se fuera al hospital y pidiera que no hubiera castigo públicamente sirva de atenuante. En ese caso llegamos a la inevitable conclusión de que se sanciona la consecuencia y no la acción.

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