La que titula el post no es más que una opción que los emparejamientos de los octavos de final de la Champions League nos puede dejar una vez finiquitada la liguilla. Es una posibilidad, no obstante, que para nada me desagrada, por la que apostaría ahora mismo si yo dirigiese las decisiones que marca el azar. Pero como no es así, seguiremos imaginando:
Por ejemplo, qué mejor rival para el Barcelona que el Chelsea. Qué mejor que revivir aquellos momentos en los que Stamford Bridge se convertía en una caldera para ser testigo de un duelo que ya se ha convertido en un clásico europeo. Rivalidad, muchos cracks y un ambiente como pocos incitan a buscar este duelo de titanes que no sería posible si los londinenses no hubiesen terminado segundos del grupo A, por detrás de la Roma y con el miedo en el cuerpo que produjo el tanto de Koné (que significó el empate a uno) y que unido a una diana (que nunca llegó) del Girondins en Italia hubiese dejado a la altura del betún a Scolari y compañía. Pero ahí estaba Drogba para marcar, en una baldosa, el tanto de la tranquilidad y la victoria. El Barça mientras vio como el Shakhtar Donetsk le arrebataba a los 600.000 euros de bote aprovechándose de su estado ‘prederbial’ y del poco ruido de un Camp Nou casi vacío que nada tiene que ver con lo que se topará Juande el sábado.




