
Hace poco más de un mes escribía unas líneas en este blog donde definía el sentimiento de desesperanza que se había instalado en La Romareda. No era para menos: el equipo divagaba por el campeonato, encadenando derrotas, ridículos y cabreos monumentales de su entrenador, Manolo Jiménez, que protagonizó una de las ruedas de prensa más calientes y fugaces que se recuerdan en el conjunto blanquillo. «Sin paños calientes, siento vergüenza», sentenció el andaluz.
Los maños eran colistas del campeonato, a 11 puntos de la salvación. Y aunque matemáticamente el descenso no se había confirmado, virtual y futbolísticamente no había duda alguna. Lo mejor que le podía pasar al Zaragoza era dar un paso atrás, para, más adelante, dar dos al frente. Lo cierto que es que sobre el tapete verde el pesimismo flotaba más sobre el ambiente que incluso en las gradas, donde los pañuelos siguen enfocando al mismo de siempre: Agapito Iglesias.



