
Todos tenemos, si no un ídolo, sí esa persona en la que cuando éramos pequeños nos fijábamos y teníamos como modelo a imitar para aprender, para crecer y para mejorar, ese ejemplo a seguir como el que un día soñábamos poder ser algún día e igualar y hasta superar sus hazañas. En el mundo del fútbol, todos esos futbolistas que hoy vemos pisar el césped y dominar el balón con maestría fueron también niños con la ilusión de llegar a ser como ese personaje al que admiraban y al que trataban de imitar para poder ser como ellos. Andrés Palop, guardameta del Sevilla, también lo tenía y era Luis Miguel Arconada, el mítico portero de la Real Sociedad y la selección española en los años 70 y 80. Puede creerse que los futbolistas profesionales tengan fácilmente al alcance de su mano el poder conocer a esos jugadores que de pequeños idolatraban, sin embargo no fue hasta ayer, a sus 38 años y aprovechando la visita del Sevilla a Anoeta, la que fuera casa de Arconada tantos años (aunque en su caso fue Atocha) cuando Palop pudo conocer por fin a su ídolo.
Palop tenía once años cuando Arconada disputó la Eurocopa de Francia en 1984. España llegaría a la final para enfrentarse a los anfitriones donde perdió por dos goles a cero. Arconada no estuvo afortunado en el primer tanto cuando Platini lanzó una falta sin aparente peligro que al guardameta donostiarra se le escurrió por debajo del cuerpo hasta llegar a las redes. Injustamente se recuerda con frecuencia a Arconada por este error, que no era para nada frecuente en él, y no por lo excelente arquero que fue. 24 años después, Palop pudo rendir el mejor homenaje a su ídolo cuando con España se proclamó campeona de Europa en Austria, enfundándose en la celebración esa misma camiseta que entonces vistiera Arconada.





