
En un capítulo de Futurama, el capitán Brannigan arenga a sus tropas justo antes de iniciar la invasión de un lejano planeta, y dice algo así como: “Carece de recursos que nos sean útiles; no tiene ninguna importancia estratégica y no sabemos nada de los seres que lo habitan. Pero sí sabemos que representan todo lo que nosotros siempre hemos odiado…”.
Y es que la palabra enemigo implica casi directamente la palabra odio. Hace unas semanas discutía con unos compañeros acerca del descenso continuado de la calidad en los diarios deportivos españoles, descenso inversamente proporcional al nivel de amarillismo. A veces, cuando se habla de este tema con aficionados muy hardcore de uno u otro equipo, no falta quien elabora su propio ránking-basura en función de sus colores: que si el Marca es más amarillo, que si lo es más el Sport…con todo tipo de argumentos y ejemplos que los lectores de La libreta de Van Gaal conocen sobradamente.
Expuse entonces que, sin atreverme a realizar una clasificación entre rivales de tanta altura y méritos, sí noto una diferencia entre el tratamiento de informaciones respecto al equipo adversario de cada línea editorial. Y mi apreciación es que, en general, en publicaciones como Marca al Barcelona se le trata como rival. Y en rotativos como Sport o Mundo Deportivo, el Real Madrid es simplemente el enemigo.

Cuando José María Del Nido habla, nada para quieto. A estas alturas, se considera polémico a todo aquel que irrumpe en la sede de la corrección política para levantar su voz por encima del resto, más directa y sincera. Esto no debe ser así. La polémica la encuentran quienes la buscan, pero también —y principalmente— quienes, para encontrarla, se distancian de la verdad. No es el caso del presidente del Sevilla, que más parece un padre que un dirigente para el club de Nervión, pues lo cuida y sale en su defensa sin pensar en nada más que en su escudo y en su lanza, en su atavío de guerra. Y ahora, con razón, posa su dedo sobre Madrid, y allá van dirigidas sus críticas.
No toda la actualidad es real. Los medios, en su capacidad de inventar, son capaces de generar realidades paralelas a un acontecimiento esencial. Es el arte de la ficción periodística, de crear debate donde no procede, donde debería estar prohibido. Es lo que ocurre con las polémicas arbitrales y las supuestas ayudas al Barcelona. Ciertas o no, no van a dejar de existir, pues siguen ocupando portadas y generando contenidos, lo que solemos llamar “vender noticias o periódicos”. Y por vender que no quede. 


