
Es inevitable que cuando un equipo no cesa de sufrir en los últimos torneos e incluso se juega la permanencia en Primera hace dos veranos, su gente se ilusione a poco que el sol se dibuje en el horizonte. Racing es hoy un bonito sueño y el fervor que está levantando estos días entre los suyos no se puede contener, por más que su entrenador, Claudio Vivas, el segundo de toda la vida de Bielsa, intente frenarlo. Comenzó este fin de semana el Clausura con los favoritos de siempre: un River que viene de dulce en la pretemporada, aunque bajo mi punto de vista tiene poco que hacer, el Boca de un Riquelme revitalizado, el sorprendente campeón del Apertura Banfield, el San Lorenzo de Simeone, el Estudiantes de Verón y, por supuesto, el regular Vélez del Tigre Gareca, que ha reforzado su excepcional plantillón (Maxi Morález, Hernán López, Cristaldo o Nicolás Otamendi, entre otros), con el goleador del Apertura, el héroe de Banfield, el Tanque Silva.
Sin embargo, entre todos ellos se ha colado Racing. Hay que reconocer que desde que accedió a la presidencia, Rodolfo Molina ha intentado implantar sensatez al entorno blanquiceleste. Lejos de lo que hacía la antigua gerenciadora, abandonó la idea de montar un equipo nuevo cada seis meses, persiguiendo el objetivo de construir un verdadero conjunto con paciencia. Bajo el mando de Vivas, que cogió a Racing cuando estaba seriamente golpeado en el Apertura, a comienzos del pasado mes de noviembre, la Academia ha ido creando un patrón identificable de juego, jugando con un 4-3-3 claro. En el Apertura llegó a hacer buenos encuentros y era de esperar que si se acometían buenos fichajes en el verano austral, el nivel debía subir. Y vaya si así ha sido.


El Real Zaragoza es décimo de la tabla clasificatoria de Primera División, pero a pesar de ello es un equipo en crisis. Su aspiración debería ser Europa, pero está a seis puntos de ella, mientras que el descenso le mira de forma amenazadora desde sólo tres puntos de distancia. Podemos dar más datos para señalar esa crisis, como que el equipo maño lleva seis jornadas sin ganar, sumando tres míseros puntos y ante rivales que, con todo el respeto del mundo, no son de los más temibles del campeonato (Recreativo, Betis, Valladolid, Getafe, Deportivo y Espanyol).
Gracias a uno de nuestros lectores, Julio, que nos ha puesto en la pista,
Cuando he leído esta noticia en el
La Liga de Campeones continúa esperando tanto al Chelsea como al Valencia. Seguramente les debe algo.
Se preveía un partido tenso, vibrante, y quizás agónico en Mestalla entre Valencia e Inter. El empate a cero final le sirve a los de Quique para meterse en los cuartos de final de la Liga de Campeones a costa de un Inter que todavía no se lo cree. No se lo cree porque la seguridad que tenían en sí mismos, incluso después de haber empatado a dos en San Siro, era enorme. Un equipo que este año se está paseando en el Calcio, se creía que no tendría problemas para superar los octavos, e incluso que esta era la temporada para llegar a la final. Ha sido salir de Italia y darse cuenta que el fútbol de su país hoy en día no está en su mejor momento, y un equipo como el Valencia ha sido el que les ha devuelto a la cruda realidad.
De todos es sabido, porque era un hecho público y evidente, que la relación entre Roberto Fabián Ayala y el Valencia estaba como mínimo distante. Y cuando un jugador no se encuentra a gusto en un club lo mejor que puede hacer es marcharse, por el bien de todos. Desde el pasado verano el central argentino no estaba de acuerdo con la dirección deportiva valencianista, en concreto con el sueldo que iba a obtener si renovaba por el conjunto ché, así que ha decidido marcharse.

