
Cien años son muchos. Cien años implican muchas cosas. Cien años son Jorge Newbery y su globo, Tomás Adolfo Ducó y su estadio, un grupo de jóvenes de Nueva Pompella y su ambicioso anhelo de crear un club de fútbol… Cien años son los goles de Stabile en la década de los veinte, los cuatro campeonatos amateurs, los duros comienzos en el profesionalismo, el estrellato de Herminio Masantonio, tercer máximo artillero del fútbol argentino y mejor goleador de la selección… Cien años son los desplantes gubernamentales al teniente coronel Ducó, la mediocridad de los cincuenta y sesenta, el embelesamiento del equipo de Menotti en los setenta, los súbitos quiebres de Houseman, las habilidades de Babington y Brindisi, los goles de Roque Avallay, la mente de Menotti… Cien años son los crudos ochenta, los descensos y sin sabores, el Turco Mohamed y los ascensos, Angel Cappa y su filosofía… Cien años de Huracán, uno de los clubes más carismáticos de Argentina, se cumplieron el pasado fin de semana. Cien años, un siglo, toda una vida de un sentimiento que late fuerte en Parque Patricios.
Efectivamente, el pasado 1 de noviembre Huracán cumplió cien años. Cien años desde que unos chavales inquietos de Nueva Pompella decidieran crear un club que adoptó el nombre de Huracán de forma fortuita, porque dicha leyenda les gustó a los creadores al verla en colgada en una pared de las andrajosas calles del barrio… Un club que después adoptó un genuino símbolo, cuando el aventurero Jorge Newbery se montó en un globo aeroestático traído desde Francia, para realizar una travesía desde Buenos Aires hasta la ciudad brasileña de Bagé. No hubiera tenido esto nada de particular si no fuera porque el globo se llamaba Huracán. Ni un segundo dudó la directiva del naciente equipo en adoptar el símbolo del globo para configurar su escudo, algo verdaderamente auténtico en el fútbol argentino, donde los escudos sólo tienen como principal motivo las siglas de los clubes.





