En su edición de hoy, el diario El País, con su buen gusto habitual en sus páginas deportivas, nos obsequia con dos piezas deliciosas: el artículo semanal de Santiago Solari (tremendo descubrimiento a la hora de escribir) y una interesante entrevista a un mito del fútbol italiano y de la Roma, Bruno Conti.
En ambos textos, que citamos al final del post, existe un nexo de unión común: Francesco Totti. Su calidad, sus récords de partidos jugados y goles con su equipo de toda la vida al que animaba en el Olímpico como un tifosi más siendo niño, su compromiso con una camiseta, su representatividad como quizá el último fantasista que nos deja el calcio.
El ‘10’ romano se presentará el miércoles en el Bernabéu ante uno de los retos de su carrera, llevar lejos en la Copa de Europa a su equipo. Seguramente no ha ganado todo lo que hubiera estado a su alcance en cualquier equipo de los llamados ‘grandes’ (criterios económicos o los que sean, porque a ver quién niega la grandeza de la Roma); ha logrado el Scudetto, la Copa de Italia, todos los premios individuales posibles y con el insignificante añadido de la Copa del Mundo del 2006. Pero la Champions es especial para todos, y para Totti y la Roma más aún desde la dolorosa derrota en la final de 1984, ante el Liverpool y en su propio estadio.



