
De nada serviría la brillante temporada que hasta ahora ha realizado el FC Barcelona si no es capaz de llevarse algún título. Y hoy tiene el primer obstáculo en este tramo final en la lucha por la gloria. Con la mitad del cerebro puesta en el superclásico del próximo sábado y con la fe que ha demostrado durante toda la temporada Pep Guardiola en aplicar un mismo estilo de juego sea quien sea el rival, la mayor preocupación azulgrana estriba en su propio juego: están seguros que si juegan como siempre superarán al Chelsea, un rival duro con un bloque de jugadores conocido ya desde hace años.
Didier Drogba es la principal arma de destrucción masiva en el ataque del Chelsea, y eso que esta temporada está muy lejos de sus registros goleadores. En la Premier sus compañeros Lampard y Anelka le superan en esta faceta, pero el marfileño se desenvuelve como pez en el agua en la Champions, donde se le ve más motivado, con ganas de un título que se le resiste a los blues desde que Abrahamovic empezara a inyectar dinero para este fin. En la máxima competición continental lleva cinco dianas, y en Barcelona se teme sobre todo a su juego aéreo, pero mal hará la zaga blaugrana en creer que sólo en esta faceta está el peligro del delantero: conserva su olfato goleador, tiene técnica y es un jugador óptimo para acabar las jugadas al contragolpe.
Frank Lampard es otro viejo conocido por todos los aficionados, y en su día sonó poderosamente para reforzar las filas del Barça. Todo un ejemplo del centrocampista ofensivo de esta década, capaz de echarse a su equipo a las espaldas en todo momento, reforzado por una excelente visión de juego y una extraordinaria capacidad goleadora. El internacional inglés parece sin embargo haber pasado su mejor época, y de la dupla tradicional con Gerrard en la selección inglesa, el del Liverpool parece mantenerse más regular. No obstante, cualquier balón que pase por los pies de Lampard es susceptible de ser peligroso.



En mi último
Encuadrado en el Grupo B junto a Rosenborg, Chelsea y Schalke 04, el Valencia no debería tener demasiados problemas para imponer su calidad en una competición que se le da bastante bien en los últimos tiempos. Sin embargo, estamos en la máxima competición continental y nadie puede confiarse ante ningún equipo, pues todos tienen armas suficientes para complicarte la vida.
El 17 de junio acabó la Liga 2006/2007. De eso hace ya algo más de un mes, casi dos. Desde entonces, los equipos, incluso los que disputaron siete días después la final de la Copa del Rey ya tienen planificada la próxima temporada que comienza el 26 de este mes, por lo que estamos a algo más de 20 días para que el balón, en nuestro campeonato doméstico, eche a rodar. A excepción del campeón,
Al “Cholo” Simeone poco a poco le van a ir rompiendo el juguete, cosa lógica cuando se tiene a un equipo en el que sobresalen jóvenes figuras que le dieron el anterior Apertura. River ya se hizo con Galván para el Clausura y ahora es Sosa quien sale de La Plata, si bien su marcha no se producirá hasta el mes de junio, con el fin de no desmejorar el nivel del plantel, que a día de hoy vuelve a aspirar a todo, a pesar de encadenar en las dos últimas fechas dos empates.
Pintan bastos en Londres. El equipo del dinero ya no gana gracias a este bien tan codiciado. Sólo empata, y gracias. Analizando esta temporada con las anteriores en las que se han proclamado campeones de la Premier, se consigue vislumbrar un detalle más que importante, decisivo. Y es el valor de la seguridad defensiva.

