
“Nos vamos a Madrid con cara de tontos”. Así definía Iker Casillas su paso por el Camp Nou, lugar donde su equipo despertó del letargo en el que estaba sumergido pero del que no pudo sacar nada mejor que una buena imagen, algo que para los románticos estará muy bien pero que a la clasificación poco le importa. El Real Madrid llegó líder al clásico y se fue segundo tras él. Buena imagen, sí, pero insuficiente para seguir en lo más alto.
Iniesta silenció a Cristiano. Como era de esperar Manuel Pellegrini dio entrada a su futbolista más mediático, que tuvo en sus botas la posibilidad de quitarse la espina que siempre le supone enfrentarse al Barcelona, aunque se topó con un inmenso Víctor Valdés. En el coliseo blaugrana falló un penalti cuando militaba en el Manchester United y ante los culés se quedó sin la pasada Champions League. Para más inri, Iniesta le mandó callar cuando el portugués le reclamaba un posible piscinazo. Según el manchego, Ronaldo es el menos indicado para mandarle, precisamente, eso. El luso acabó sustituido y con una espina que sigue sin poder extraer de su curriculum.






Este domingo, el fútbol en España se detiene para cobrar vida. Llega el gran clásico, el que enfrenta al Barcelona y al Real Madrid, pero las cosas han cambiado para ambos con respecto al pasado curso. Justo una semana antes del duelo, el conjunto blanco ha logrado adelantar a su rival en la clasificación, colocándose líder, lo que le permitirá encarar el partido de una manera bien distinta a como lo hizo casi siete meses atrás. Entonces, el Madrid apuraba en su feudo sus opciones de culminar una épica remontada, pero el Barcelona le endosó un abultado dos a seis, y ahí, precisamente, nació la razón de ser de este nuevo Real Madrid, cuyos objetivos pasan por imponerse a su contendiente para llenar sus pulmones de aire ventajoso. 

