
Los grandes clubes europeos no están mostrándonos el mejor verano de fichajes precisamente: mientras el Real Madrid ha tirado dos meses de tiempo mareando la perdiz con Cristiano Ronaldo quizá para nada, el Barcelona ha fichado rápido (demasiado) y por tanto muy caro, el Milan en vez de acometer su necesario rejuvenecimiento afronta la ardua tarea de recuperar a Ronaldinho, el Inter y Mourinho caminan sorprendentemente prudentes, el Arsenal bastante tiene con retener a Adebayor, Ferguson y su United se lo piensan y el Chelsea flirtea con Robinho, sólo Rafa Benítez para el Liverpool quiere pujar por el jugador más completo que circula por el habitual mercadeo estival. Se trata de Gareth Barry, el capitán del Aston Villa.
Barry, que será una pieza vital de Inglaterra en el Mundial de Sudáfrica (o al menos en la fase de clasificación), y que es postulado por muchos para la capitanía de los pross, es a sus 27 años el auténtico dueño del mediocampo del mejorado Aston Villa de Martin O`Neill. Potente, técnico pero agresivo a la vez, y con un importante liderazgo, opta ya con derecho propio a compararse con Lampard o Gerrard, y a adelantado por la derecha a Joey Barton, contemporáneo suyo en edad y en carrera prometedora pero distraído en todo tipo de andanzas extradeportivas, estancia en prisión incluída.
La historia del jugador y su acercamiento al Liverpool viene siendo pública desde el pasado mes de mayo, recién acabada la Premier. Desde la oferta inicial de 10 millones de libras, las semanas han pasado entre incrementos suaves de la oferta económica del Liverpool acompañados por halagos al jugador en la prensa de Benítez y sobre todo Gerrard, y las negativas de O`Neill a desprenderse de su jugador franquicia.



