La cita del FC Barcelona con el BATE Borisov no era más que un trámite de obligado cumplimiento donde los blaugranas no se jugaban más que los 600.000 euros que da una victoria champions. Pero lejos de resultar un encuentro incómodo, el partido derivó en una fiesta para una afición que no puede evitar sentir cierto nerviosismo por como se ha complicado la vida en la Liga BBVA cuando apenas acabamos de estrenar el mes de Diciembre. A lo que hay que añadir la inevitable ansiedad por el punto de inflexión que, para bien o para mal, será el clásico de este sábado frente al Real Madrid.
Pep Guardiola aprovechó la tesitura para dejar en la grada a casi toda su guardia pretoriana, a excepción de Piqué, que se vistió pero no jugó, Pedro, que sí participó, necesitado como está de minutos, y Thiago, que se gustó ejerciendo de jefe de operaciones de los que hasta hace bien poco eran sus compañeros. Lo más destacable de todo es que de los catorce blaugranas que hoy saltaron al césped sólo Pinto y Maxwell no han surgido de la cantera.








