
Les vemos en los terrenos de juego, ídolos de miles de personas, son noticia habitual, el centro de las miradas y de los flashes, tienen millonarios contratos y conducen deportivos de lujo. Les contemplamos a otro nivel, otro escalafón dentro de la sociedad como si fuesen diferentes, pero a menudo cometemos el error de olvidar que ellos también son personas, como tú y como yo. Como si lo material, por abundante que sea, fuese capaz de reemplazar por completo las necesidades y anhelos de un ser humano. Se llama Sebastian Deisler, fue una de las grandes promesas del fútbol alemán y europeo a principios de la pasada década y parecía que su fichaje por el Bayern Múnich acabaría por encumbrarle, pero un calvario de lesiones y una mentalidad no apta para sobrellevar el peso de la élite acabaron con su retiro a los 27 años.
Le tocó vivir una época complicada en el fútbol alemán. Tras una década de éxitos culminada con el Mundial de Italia’90 y la Eurocopa de Inglaterra en 1996, la Mannschaft necesitaba una regeneración dada la veteranía o la retirada de los Möller, Hässler, Sammer y compañía. Allí estaba Deisler, un centrocampista que se movía por la banda derecha con la clase de un estilista y la electricidad de un extremo. Desenfadado, de juego alegre y virtuoso, no parecía un futbolista alemán. Pronto comenzaría a destacar como profesional en las filas del Borussia Mönchengladbach, a llamar la atención de los grandes y a ser considerado como la esperanza teutona. Sebastian recuerda así aquella etapa: Todos me veían como el salvador de Alemania, el héroe que resucitaría el fútbol germano… y sólo tenía 19 años!






Qué gustito y qué placer debió sentir en la tarde del sábado el bueno de Robben. Si ya uno cuando cumple las expectativas cree que alcanza el cielo, cuando las supera y lo hace con creces es para no dejar de brindar en días. Sí, porque el debut glorioso del holandés con el Bayern es muy probable que no lo hubiese imaginado ni en la peor de sus pesadillas Valdano o el que decidiera mandarlo a Alemania. Dos goles y primera victoria del Van Gaal al frente de los bávaros, cuando más le apretaba la soga y cuando Beckenbauer se empezaba a impacientar.
Dicen que no se valora lo que se tiene hasta que lo pierdes. Dicen –es
Algo muy grande, gigantesco, debería ocurrir esta noche en el Allianz Arena para que el billete para las semifinales de la Champions League se lo acabase llevando el Bayern de Múnich. Exactamente que el campeón teutón lograse mantener la portería a cero durante los noventa minutos y meter, nada más y nada menos, que cinco goles al Barcelona, posiblemente el conjunto que mejor fútbol despliega del continente.

