
Por todos los amantes del fútbol es conocido que la Copa del Rey es una competición incómoda para muchos equipos de Primera División. Incómoda en primer lugar por las fechas. A pesar de que se niegue la Copa se está viendo en los últimos años como esa cucharada de más cuando se tiene el estómago lleno. Como escala entre el campeonato liguero y las competiciones europeas, está claro que la Copa se deja en un tercer plano.
Incómodo también por los rivales, sobre todo en estas primeras fases del torneo. Llamarlo confianza, llamarlo motivación, llamarlo impotencia. Lo cierto es que la imagen que queda es que los grandes de la Liga tienen a menudo problemas para deshacerse de equipos que compiten en una categoría, a priori, bastante inferior. Le pasó al Real Madrid el martes, y ayer se confirmó la sorpresa del Poli Ejido ante el Villarreal. Pasaron sin pena ni gloria Atlético de Madrid y Barcelona ante otros dos Segunda B, Orihuela y Benidorm. Sigue vivo el discurso sobre la necesidad de un cambio en la organización de la Copa del Rey.



