
La gente machacada también sabe alzar la voz. Los hinchas de Racing ya no pueden más. El sábado se echó gasolina al Cilindro y estalló a la mínima chispa. Jugaban Estudiantes y la Acadé y los de Mico se marcaban una magnífica primera parte. Al filo del descanso el prometedor Matías Sánchez, que jugaba su segundo encuentro como titular, hacía la jugada de la jornada, colándose hasta la cocina valiéndose de hasta cuatro amagos para después darle un balón en bandeja de oro a Fileppi, que hacía el primero de lo que se presumía una noche de emociones fuertes. Porque Racing jugaba bien después de mucho tiempo y de hecho sólo el larguero evitaba que se fuera con un marcador más abultado al descanso.
Pero en la reanudación todo explotó de la mano del silbato de Belligoy, nefasto colegiado. Su arbitraje fue infame y desbordó un vaso que se lleva colmando gota a gota desde hace tiempo. En la primera parte no pitó un clarísimo penalti a favor de los locales y la segunda parte comenzó con dos goles de Estudiantes y tres injustas expulsiones. Primero el artista Sánchez, después el Polaco Bastía y finalmente Maxi Morález por usar la mano para igualar a dos el choque. La gente no pudo más porque el promedio acecha y costaba asimilar que un encuentro que pintaba tan bien se difuminara de tal manera, en parte por la desastrosa actuación arbitral. Por eso comenzaron a llover las piedras y objetos desde las gradas, los amagos de invasión se intensificaron y se acabó dando por finalizado el encuentro. Se desató la ira en las gradas, los hinchas dijeron basta y sólo hay que ver a la foto que ilustra el post, en la que observamos a los jugadores, que salieron ovacionados, pidiendo calma a un público hastíado.





