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24 marzo 2008
A ritmo de Tango: las frustraciones revientan el Cilindro

La gente machacada también sabe alzar la voz. Los hinchas de Racing ya no pueden más. El sábado se echó gasolina al Cilindro y estalló a la mínima chispa. Jugaban Estudiantes y la Acadé y los de Mico se marcaban una magnífica primera parte. Al filo del descanso el prometedor Matías Sánchez, que jugaba su segundo encuentro como titular, hacía la jugada de la jornada, colándose hasta la cocina valiéndose de hasta cuatro amagos para después darle un balón en bandeja de oro a Fileppi, que hacía el primero de lo que se presumía una noche de emociones fuertes. Porque Racing jugaba bien después de mucho tiempo y de hecho sólo el larguero evitaba que se fuera con un marcador más abultado al descanso.
Pero en la reanudación todo explotó de la mano del silbato de Belligoy, nefasto colegiado. Su arbitraje fue infame y desbordó un vaso que se lleva colmando gota a gota desde hace tiempo. En la primera parte no pitó un clarísimo penalti a favor de los locales y la segunda parte comenzó con dos goles de Estudiantes y tres injustas expulsiones. Primero el artista Sánchez, después el Polaco Bastía y finalmente Maxi Morález por usar la mano para igualar a dos el choque. La gente no pudo más porque el promedio acecha y costaba asimilar que un encuentro que pintaba tan bien se difuminara de tal manera, en parte por la desastrosa actuación arbitral. Por eso comenzaron a llover las piedras y objetos desde las gradas, los amagos de invasión se intensificaron y se acabó dando por finalizado el encuentro. Se desató la ira en las gradas, los hinchas dijeron basta y sólo hay que ver a la foto que ilustra el post, en la que observamos a los jugadores, que salieron ovacionados, pidiendo calma a un público hastíado.
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08 enero 2008
A ritmo de Tango: La cruz de Blanquiceleste

Me da mucha pena ver a Racing languidecer como languidece. Las corruptas manos que vituperaron a la Academia en la década de los noventa desencadenaron una situación de debilidad para uno de los cinco grandes de Argentina que a todas luces se me antoja intolerable. En España estamos acostumbrados a que los clubes estén en manos de empresarios, de hecho sólo Barça, Madrid, Osasuna y Athletic se escapan de las Sociedades Anónimas. Pero no es la tónica común en el país que nos regaló a ese que dejó atrás a tanto inglés. La mayoría de los clubes argentos son de sus socios. En cambio Racing, que sorteó la quiebra y la desaparición en el crepúsculo del pasado siglo, pertenece a Blanquiceleste SA, una empresa que no cesa de mantener con el corazón en un puño a esa mitad de Avellaneda que suspira por el blanco y el azul.
Racing se salvó de la quema por aquella polémica Ley de Fidecomiso promulgada en 2000. Se puso en marcha un órgano fiduciario para que administrara los ingresos a la espera de que llegara una empresa dispuesta a tomar las riendas de la entidad. Fue en 2000 cuando Blanquiceleste SA se hizo con el gerenciamiento del club. Su presidente de entonces, Fernando Marín, se hizo cargo de pagar la deuda de Racing en un periodo de nueve años. Al principio la cosa parecía ir bien, el equipo se salvaba de Segunda y luego salía campeón con el paso a paso de Merlo, 35 años después. Pero después llegaron las decepciones, los apuros económicos, los fracasos deportivos… La decepción. Marín cedió su puesto a Fernando De Tomasso en un intento desesperado de revertir la situación, pero con este último la cosa no ha ido mucho mejor. Verano tras verano tenemos que asistir impotentes ante el lamentable espectáculo de un conato de rebelión por parte de los futbolistas debido a falta de pagos. Y algún día, de tanto ir a la fuente el cántaro se acabará rompiendo.
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25 septiembre 2007
A ritmo de Tango: Tortazo a BC

Desde que A Ritmo de Tango aterrizara en este blog vengo intentando explicar la singularidad de uno de los pocos clubes en el mundo que pueden ser catalogados como únicos. Me refiero, en el caso de Argentina, evidentemente, a Racing Club de Avellaneda, el único grande capaz de sobrevivir 35 años sin un solo título; el único grande que acostumbra a perder con los pequeños; el único grande que mueve a su gente por una extraña razón de pertenencia, ni mucho menos por la ilusión de conquistar campeonatos; el único grande que tiene tendencia a autodestruirse y que gracias a su gente, a sus incondicionales y sufridos hinchas es capaz de sortear la desaparición a pesar de que sintiera su acecho de cerca; Racing, en definitiva, es diferente y este fin de semana tuvimos otra ocasión más para comprobarlo.
Gustavo Costas, técnico de la Acadé, ídolo como jugador, futbolista que en más ocasiones ha vestido la albiceleste, ha estado a un paso de presentar su dimisión, sin que los resultados deportivos tuvieran nada que ver, porque de hecho antes del encuentro contra Arsenal de este fin de semana, los de Avellaneda habían encadenado dos victorias consecutivas.
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